23/05/2026
09:50 AM

¡Nuestros increíbles tiempos!

Seguro que usted lo vió en las noticias, quizá no. De todas maneras vale la pena repasar dos importantes sucesos, completamente diferentes, ocurridos la semana anterior.

Una nave espacial descendió en un cometa, a millones de kilómetros de la Tierra.

La nave, llamada Roseta, fue lanzada hace diez años para perseguir al cometa. ¿A qué equivale eso? A lanzar una flecha desde New York y, después de volar doscientas veces alrededor del planeta, finalmente hacer blanco exacto en Pekín.

Es uno de los más grandes logros en todos los tiempos. Usted y yo somos afortunados entre millones de generaciones por haberlo presenciado mientras sucedía.

Ese cometa, llamado Churymov Gerasimenko por sus descubridores, se formó al comienzo del sistema solar hace miles de millones de años, es parte de los “desperdicios” que quedaron flotando. Sus componentes son los originales. Ahí debe haber información prístina de cómo fueron las cosas al principio, ahí posiblemente se encuentre una respuesta científica al inicio de la vida. Es muy pronto para decirlo; las posibilidades son inmensas.

Otra, no tan destacada como la anterior, pero igual de impresionante fue que un grupo de científicos logró transcribir al lenguaje ADN imágenes, sonidos y textos y luego transformarlos en moléculas de ADN. Finalmente, todo se volvió a meter a la computadora y esas imágenes fueron reproducidas sin ningún error o alteración.

No tengo idea de cómo lo hicieron, (prometo leer mucho sobre el asunto) porque en mi opinión, ese logro ofrece posibilidades más allá de todo lo escrito en todas las novelas de ciencia ficción.

Revisemos: En moléculas de DNA se puede guardar casi eternamente enormes cantidades de información. Imágenes, sonidos, textos. Y por qué no sabores, olores y –posiblemente-- pensamiento, capacidad de raciocinio, memoria humana individual? No hoy, quizá no mañana, pero para allá vamos. Dije al principio que estos dos sucesos eran independientes y nada relacionados. Ahora pensemos, soñemos, relacionémoslos. ¿Qué tal si en lugar de fabricar costosas naves para llevar a nuestra especie a colonizar el universo, se envía toda la información necesaria en grabaciones como estas, en moléculas de DNA a bordo de cometas y otros cuerpos interplanetarios?

Una “sencilla” nave conteniendo un pequeño laboratorio con todo lo dicho se posa en uno de estos cuerpos que vagan eternamente por el cosmos para que, algún día, en la eternidad del tiempo, al llegar a un lugar con las condiciones apropiadas, “plante” la vida!

Teóricamente es posible, en la práctica estamos en los albores, al inicio, pero es posible. Finalmente la pregunta del millón: ¿Vino así la vida a la Tierra? ¿Fuimos “plantados” aquí por otros seres de otros mundos utilizando ese sistema?

¿Y ese DNA –aceleremos el pensamiento-- pudo haber traído la información para que nosotros, pasado un tiempo de evolución y maduración también desarrolláramos nuestras propias naves y laboratorios para continuar la colonización del Cosmos? ¿Fuimos diseñados para eso?

¿Somos como esas semillas que vuelan por el aire para germinar cuando encuentran tierra fértil, vamos a lanzar nuestras semillas de regreso al Cosmos? ¿Después de haber sido creados, nos convertiremos en creadores?

Seguiremos informando.