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Nuestro lugar feliz

  • 19 noviembre 2023 /
Emy James

Todos tenemos o deberíamos tener, un lugar en nuestra mente a donde “escaparnos” cuando nos encontramos en un momento o una situación desagradable, triste o molesta. De esas sobre las que no se tiene ningún tipo de control.

Y no me refiero a las ensoñaciones, que son un estado de consciencia desconectado de la realidad en el que nos sumergimos cuando nos encontramos ante un momento tedioso, aburrido (como un semáforo en rojo, por ejemplo) y que suele durar escasos segundos.

Hablo de tener reservado un espacio donde poder “acampar” mentalmente mientras pasa el aguacero a nuestro alrededor.

Este espacio podría ser un momento o lugar de nuestro pasado o incluso una persona, un recuerdo. Uno de esos recuerdos que guardamos cuidadosamente, tanto así que se mantiene casi intacto a través de los años y que podemos recuperar cada vez que lo necesitamos. También podría ser un evento en nuestro futuro. Tal vez un plan muy específico que queremos concretar más adelante y que solo de imaginarnos los resultados, nos sentimos contentos.

Desde luego que no se trata de instalarnos en esos estados mentales de manera constante evadiendo el presente.

Ya sabemos que la mejor manera de vivir, por razones que van desde apreciar las cosas sencillas del día a día hasta trabajar en nuestro autoconocimiento, es vivir en el aquí y ahora.

Es solo que esos momentos de sosiego son necesarios de vez en cuando para no enloquecer cuando la vida se vuelve un tanto insoportable.

Además, estos escapes de la realidad nos sirven como motivación cuando aprendemos a adherirnos a ellos en esos días cuando con razón o sin ella, se nos bajan los ánimos y andamos de “ala caída”.

El recordar esas cosas lindas que nos sucedieron, tal vez en la infancia o adolescencia, o pensar en otras igualmente gratificantes que podrían suceder más adelante, son un aliciente que nos mantiene de pie.

¿Qué sería del hombre sin sus recuerdos o sin sus ilusiones, cierto?Para Julio Verne todos esos años en los que se vio obligado a estudiar una carrera que no le gustaba, hubiesen sido insalvables de no haber sido por la visión de que llegaría ese día en que le entregaría el título de abogado a su padre y se sintiera ya libre para escribir.

Además de su conocida ambición, también fue el recuerdo de su amada Josephine, así como la ilusión de volver a verla, lo que mantenía animado a Napoleón en aquellas batallas campales.

Si Alvar Núñez aguantó esos nueve largos años de peregrinaje por tierras desconocidas llenas de todos los peligros imaginables, fue porque en su cabeza estaba todo el tiempo presente la imagen de su lejana patria a la cual tenía la certeza de regresar.

Seguro que la idea del Quijote y trabajar arduamente en su imaginación para darle forma, tuvo mucho que ver en el hecho de que su autor no perdiera la razón durante el tiempo de su encarcelamiento. Y así... Conviene construirnos (si no lo hemos hecho ya) una pequeña pero acogedora guarida mental en donde refugiarnos mientras pasa la tormenta y al mismo tiempo donde equiparnos para cuando toque enfrentarla.