La frecuencia e intensidad de los fenómenos naturales y sus consecuencias nos hace pensar en el cambio climático como parte del momento que nos corresponde vivir y de una realidad que debemos abordar desde dos perspectivas: adaptación y mitigación.

Quizás uno de los mayores retos que tenemos como sociedad es sensibilizar sobre un tema que hasta hace relativamente poco no parecía ser prioridad en la agenda de país, con algunas excepciones notables, de voces que se han hecho oír desde la sociedad civil organizada.

En principio, corresponde comprender de qué hablamos cuando nos referimos al cambio climático, puesto que aún existe mucha confusión sobre lo que ello significa.

El cambio climático “se refiere a los cambios a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos” nos señala la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En la era industrial, la actividad humana ha acelerado esos cambios, principalmente por la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) ligada a la utilización de combustibles fósiles, así como patrones de producción y consumo poco sostenibles.

Además, la deforestación, el uso indiscriminado de los recursos naturales y la inadecuada disposición de desechos, han contribuido notablemente al incremento de la temperatura mundial en un grado en relación con la era preindustrial.

Si continuamos de esa manera y la temperatura global aumenta, sobrepasando el límite de 1.5 grados centígrados, las consecuencias pueden ser fatales para la humanidad, especialmente para países como el nuestro, debido a su posición geográfica y además, a las condiciones socioeconómicas de su población, que lo hacen muy vulnerable.

Sería demasiado conformista pensar que nuestra contribución a la situación climática mundial es muy poca, dado el tamaño de nuestro territorio y de la población. Para esta situación, como para muchas otras, vale la pena “pensar globalmente y actuar localmente”.

Del sector público esperamos información transparente y oportuna sobre la situación del país en materia ambiental, así como el diálogo continuo con otros sectores para trazar metas, avanzar hacia ellas de forma conjunta y actualizar el marco legal aplicable.

De la sociedad civil organizada se requiere visibilizar aún más la gran labor que realizan para contar con más apoyo en voluntariado y recursos económicos para proyectos específicos.

Además, se requiere de la participación de la empresa privada para adoptar criterios ambientales en la producción, el consumo y la disposición final de residuos.

La acción por el cambio climático es un llamado a ser más responsables y eficientes.De manera especial, para la academia, el llamado es a promover la investigación y la innovación como facetas indispensables en la formación de profesionales para un mundo diferente, más conscientes, éticos y disruptivos.

Además, los medios de comunicación masiva tienen la gran responsabilidad de sensibilizar, orientar y educar a una población que muchas veces por desconocimiento, no sabe cómo actuar.

Para todos, más que nunca se requiere conformar alianzas, en las que cada uno reconozca que tiene mucho que aprender de los demás, para compartir ideas, generar sinergias y desarrollar proyectos que respondan a las necesidades de adaptarnos y mitigar el cambio climático.

Falta más acción conjunta, pero hay motivos para pensar que pronto veremos cambios, de la mano de la juventud hondureña, que no solo es el futuro, sino esencialmente es la fuerza del presente. Con ellos y por ellos, las generaciones actuales y las nuevas, hay que actuar.