Entendemos el entusiasmo de los triunfadores. Incluso, la fe que tienen sectores de la población que han visto postergados sus necesidades ante las posibilidades del nuevo régimen de Xiomara Castro. Pero no hay que exagerar. Es necesario entender que estamos en crisis; que las fuerzas productivas no son suficientes para satisfacer las necesidades de todos; que la estrategia de desarrollo seguida hasta ahora es un fracaso; que el volumen de la deuda social es de tales dimensiones que Xiomara Castro con su mejor voluntad no podrá, en el tiempo que la mayoría quiere, resolver los problemas de todos.

Por lo que creemos que hay que poner los pies en la tierra, ser razonables. Y más que pedir como niños tiernos, hacernos un nudo alrededor de quienes tomarán decisiones, como forma de apoyarlos, a fin de que puedan en el corto plazo, producir resultados significativos. En la seguridad que cuando toque el momento de la repartición se hará con justicia, dándole preferencia a los más vulnerables, a los que tienen más urgencia porque sus vidas peligran.

No dudamos que estamos pidiendo demasiado. Nuestro pueblo tiene más de 200 años de estar esperando que los mecanismos de desigualdad sean desmontados y sustituidos por otros en los que prive la justicia y la equidad.

Tampoco ignoramos la historia reciente del país. En la que podemos encontrar un ejemplo. El gobierno de Carlos Roberto Reina, excorreligionario de muchos que asumirán responsabilidades a partir del 27 de enero próximo, fue recibido con enorme entusiasmo y esperanza por parte de la población, especialmente la menos favorecida del país; pero más politizada y, por ello, con mayor esperanza que el gobernante le atendería inmediatamente, de acuerdo con su fama de revolucionario – en la que competía con su hermano Jorge Arturo – por lo que lo adecuado era presionarlo. Pensaban entonces que solo era cosa de invadir, reclamar y exigir para que el presidente Reina multiplicara los peces y los panes, y los repartiera generosamente a todos.

Por ello su gobierno fue acosado por invasiones, huelgas e incluso, montajes y operativos, animados, incluso por sus propios correligionarios que creían que había que ungirlo y presionarlo para que no se durmiera.

De acuerdo con lo que vemos, algunos se preparan para presionar, en la creencia que será la fórmula para que los grupos que le tienen miedo a Xiomara Castro y sus propuestas socialistas se hagan un lado y abran la puerta para repartir lo que no existe.

Las arcas públicas están agotadas; el gobierno es muy grande, el gasto público es elevado. Reducirlo, es peligroso, si no tenemos una empresa privada confiada que debe invertir y crear empleo.

Las exportaciones del país están atrofiadas. En calidad son materias primas que abundan en los mercados, por los que los precios no alcanzan para generar un producto social, abundante que repartido con justicia, asegure igualdad entre todos.

Además, tenemos un estilo de vida que no corresponde al nivel de ingreso del país. Algunos viven en niveles de ricos, mientras el pueblo se muere de hambre. Pero no solo es cosa de igualdad. Es que si buscamos establecerla sin aumentar la producción, nos pasará lo que le ha ocurrido a otras sociedades: distribuyen riqueza que no han producido, con lo cual generalizan la miseria. Y lo que queremos es generalizar la riqueza.

Para ello, pedimos paciencia para que la nueva gobernante tenga tiempo para concertar arreglos que nos permitan crecer para después repartir.