21/07/2024
08:01 AM

La mujer ejemplar

Salomón Melgares Jr.

En una columna anterior escribía que las mamás tienen un sexto sentido que les orienta hacia la protección de los hijos. En esta columna lo reitero.

“Si no entra en la escuela de música, hijo, se va a arrepentir”, me dijo varias veces mi mamá debido a mi renuencia a hacerlo. “La música le estimulará la creatividad y le ayudará con el estrés. Además, le potenciará la imaginación y la originalidad. No piense que no le servirá de nada”.

Dicho y hecho. Me arrepentí terriblemente cuando después se me presentaron oportunidades en las que deseaba saber de música y yo no podía ni sacudir bien las maracas. Eso es el sexto sentido: poder ver un panorama más amplio. Por eso mi mamá salió nuevamente a mi encuentro.

Quería protegerme una vez más de la debacle, de la desdicha, del suceso infeliz, poniéndome, como siempre, sus lecciones encima, rodeándome con ellas de pies a cabeza.

¿A qué conclusión llegamos ahora? Que las madres son como faros de intensa y potente luz que nos iluminan y nos sirven de señal, por hablar como el poeta inglés George Herbert. Aquello que da luz en un asunto le sirve de guía a la inteligencia y a la conducta, dicen los entendidos. De ahí que, cuando el sexto sentido de nuestra mamá se enciende, hay que dejarse alumbrar por él.

“‘Mira, papá, ¡es mamá!’ -exclamó la niña de la leyenda japonesa-. ‘Sonríe cuando yo sonrío’. ‘¿No es bella?’. ‘Así es, hija mía, está muy bella... Tú la ves en ese espejo y yo la veo en ti cada día’”. De ahí que la Biblia la llame “mujer ejemplar”.

Es más preciosa que los rubíes y enriquece en gran manera la vida. Cuando habla, sus palabras son sabias y con bondad; cuando actúa, está atenta a todo y no sufre las consecuencias de la pereza. Por eso nosotros nos levantamos y la bendecimos. Le decimos: “Hay muchas mujeres impecables en el mundo, ¡pero tú las superas a todas!”.