Estos seis meses de gobierno de Castro no han sido los mejores en términos económicos o diplomáticos. Normalmente, los primeros meses son de planes, compromisos y reconstrucción de las ilusiones y esperanzas populares. El de Lobo Sosa fue de reconciliación, búsqueda de reconocimiento internacional, apertura partidaria y de estímulos para atraer inversión privada para la recuperación económica. Este Gobierno, por descalificar la obra del anterior, se embarcó en una lucha campal por desprestigiarlo, sin tomar en cuenta los daños a la credibilidad del Estado, que es uno solo, y sin valorar el nerviosismo de los mercados nacionales e internacionales. Los funcionarios del área económica no tuvieron en cuenta que las críticas dirigidas al interior del país repercutirían en el exterior, pasando por alto la opinión internacional. Por ello, sus palabras fueron escuchadas con mucha atención por los expertos y dirigentes de organismos internacionales. Ello hizo que, en sus opiniones, lo dicho por la secretaria de Finanzas era una indicación del riesgo que significaría prestar o invertir en Honduras. Además, el discurso antiempresarial, la satanización de los extranjeros y las malas relaciones con algunas entidades financieras han entrecerrado las fuentes de financiamiento, obligando al país al endeudamiento interno, recurriendo al uso de las reservas del Banco Central. Además, es obvia la falta de talento negociador en los asuntos económicos. Se pasó por alto que el manejo de las finanzas del país requería de expertos profesionales de la economía y las finanzas, de los que tenemos suficientes para desempeñar esas funciones.

A la fecha, los bonos soberanos han aumentado sus tasas, el riesgo país ha subido peligrosamente, las negociaciones con el FMI están estancadas, la inflación está creciendo en forma peligrosa, por lo que hay que esperar daños futuros.

Unido a lo anterior, la política exterior ha sido muy débil. Ha privado más el activismo que el profesionalismo. Lo que ha hecho que se hayan lanzado amenazas en contra de nuestros aliados por invitados que el Gobierno ha traído a hacer discursos e imprudentemente a darnos recomendaciones. Como en lo económico, no tenemos definiciones y mucho menos planes para acercarnos a nuestros aliados. Más bien imprudentemente hacemos acercamientos con países que si bien son importantes por razones fraternas, tienen un impacto negativo con nuestros aliados. La Cancillería ha tenido dificultades para conseguir el reconocimiento a los propuestos para la embajada en Washington. A últimas horas ha recurrido a un expediente poco diplomático, posiblemente en la búsqueda de un no, o un prolongado silencio para justificar posturas antiestadounidenses.

Han politizado un campo que tradicionalmente ha sido bipartidista en los últimos años.

En vez de proponer embajadores de carrera que gozan de respeto en las cancillerías de estos dos países, quieren que les acepten como embajadores a militantes políticos o personalidades cuestionadas. El nombramiento de un enlace que no puede ser tal, en vista de que un estadounidense no puede representarnos en Estados Unidos, constituye un acto antidiplomático que tendrá efectos muy dañinos para Honduras en el futuro. Tampoco la Cancillería ha tenido éxito en el manejo de los consulados en Estados Unidos y en España, porque los han entregado a militantes políticos locales que dan muy mal trato a los emigrantes hondureños, que tan importantes son el mantenimiento de la economía. Y es que el canciller, que creíamos que era profesional, ahora luce sectario, vengativo, iracundo. Todo lo contrario de lo que debe ser un diplomático.

Las dos carteras mencionadas deben mejorar su desempeño. Honduras necesita aumentar la inversión extranjera, la que, como se ha dicho, se ha reducido peligrosamente. Y mejorar también las relaciones con sus aliados tradicionales.

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