21/07/2024
01:00 AM

Emergencia sanitaria

Ahora no queda más que luchar con higiene hasta vencer al zancudo, que sigue encontrando formas de establecer sus larvas, que tanto daño están haciendo a lo largo del país.

Sergio Banegas

Desde hace varias semanas, Honduras está en una auténtica emergencia sanitaria debido a la propagación del dengue, que penosamente ha robado la vida de decenas de compatriotas. Esta crisis ha desnudado la calamidad del sistema público de salud, que se ha visto completamente rebasado en su capacidad instalada de atender a tantas personas con los síntomas del virus referido.

Es evidente que la responsabilidad ciudadana es vital para vencer el dengue, es a la persona a quien le toca limpiar los depósitos de agua, los solares y todos los posibles focos de criaderos del zancudo transmisor; pero también es cierto que esta epidemia podría haberse controlado desde el inicio con jornadas masivas de fumigación (no con bombas lacrimógenas), sino con fumigadores vigentes; es decir, no vencidos.

El Estado fallido miente descaradamente cuando dice que está garantizando la existencia de los medicamentos en los hospitales, cuando la realidad es que a los infectados les están pidiendo comprar sus propios sueros en farmacias privadas, pues no existen en la instancia pública. A los pacientes se les aísla de forma individual con mallas, pero todo el sistema público está secuestrado por redes malignas de corrupción, que se han robado en los últimos años más de 700,000 millones de lempiras, según denuncia del Consejo Nacional Anticorrupción.

Ahora no queda más que luchar con higiene hasta vencer al zancudo, que sigue encontrando formas de establecer sus larvas, que tanto daño están haciendo a lo largo del país. No permitamos que nuestros niños, jóvenes, adultos y ancianos sigan en esta crisis sanitaria.

Si los que debieron hacerlo no tuvieron la prevención de fumigar a tiempo, la ciudadanía debe reaccionar en jornadas intensas de limpieza de sus casas y vecindarios hasta que el zancudo no tenga más fuerza de transmisión. La ecuación es sencilla: sin criaderos no hay zancudos, y sin zancudos no hay dengue.