Era el jefe del destacamento militar de Olanchito. Debimos hacernos amigos posiblemente en 1957 o 1968. Antes teníamos muy malos recuerdos de los hombres de uniformes, a los que les dispensábamos mezquino cariño. Recuerdo al “coronel” Velásquez, que no era tal, que cuando hablaba en público le temblaban las piernas, obligaba a los dirigentes líderes cachurecos y colorados a cortar zacate para un caballo de raza que le cuidaban los soldados y que, además, garantizó, ilegalmente, los resultados electorales favorables a Julio Lozano en septiembre de 1956. Después de que cerraron las urnas, las vaciaron y las llenaron de otras que -y con el acta respectiva, firmada y sellada- llevaban en costales líderes políticos “pumpuneros”.

Eligio Bautista era diferente, amable, educado, frecuentemente vestido de civil, alternaba con la ciudadanía, especialmente con la juventud. Posiblemente por ello, siendo soltero -aunque con varios hijos, algunos fueron y todavía son mis amigos entrañables, como Osmin y Oger- terminó casándose con Mery Chahín, hermana de mi compañera Oneyda y prima de mis entrañables amigos Carlos y Williams Chahín. De forma que asistía, como un ciudadano cualquiera -nunca le vi armado- a las fiestas en donde concurría la juventud de finales de los cincuenta y principio de los sesenta de la ciudad cívica de Olanchito. Conmigo nos tratábamos frecuentemente. Incluso recuerdo que en una oportunidad en que, sentados los dos una tarde en una de las bancas del parque local, frente a la escuela San Jorge, organizada y dirigida por el padre Guillermo Moore, apreciamos un acto violento ante el que pedí su intervención.

Por supuesto se negó. Ocurrió que llegó de visita a la escuela un hombre pequeño, vestido de saco y corbata negra, con una maleta con muestras de libros, posiblemente evangélicos, ofreciéndoselos a los lectores ávidos o a los católicos desilusionados en caminos al protestantismo. No sabía el carácter católico de la escuela y tampoco el carácter sanguíneo del padre Moore. En un instante llegó a la escuela San Jorge, enterado del indeseable visitante, lo tomó del cuello, lo levantó con facilidad y lo tiró a la calle, casi frente a nuestros pies. Ante el acto le pedí a Bautista que como autoridad detuviera al padre Moore. Solo se sonrió y no me hizo caso.

Empezó a hablar de otra cosa y no supe para dónde tomó el agredido vendedor ambulante de libros evangélicos.

La semana pasada, a los 100 años de edad, murió Bautista en Agua Blanca Sur, entre El Progreso y Santa Rita.

Había nacido el 12 de mayo de 1921. En 1940 egresó de la escuela de Cabos y Sargentos, fue alcaide del presidio de Yoro, subdelegado en Victoria, Subirana, El Negrito, Morazán y en Olanchito hasta 1979. En 1963, durante el golpe militar, negoció, junto con el padre Moore, la rendición de la Guardia Civil, de forma que en Olanchito no hubo entonces un muerto. Se retiró después de ser inspector de casa y pesca en 1986. Con Orfilia Matute tuvo cinco hijos: Oger, fallecido, Roy, Rey Anabell y Osmín, que fue vicealcalde de San Pedro Sula y dinámico empresario de la construcción. Con Mery Chahín tuvo dos hijos: Nemil y Denis. También tuvo dos hijos más en Yoro: Marina y Vilma, ya fallecida.

Carlos Martínez, ingeniero y amigo, me informó de la muerte de Bautista. La noticia me impresionó. Fui amigo con Oger, con el que en nuestro tiempo de estudiantes convivimos en la 709 de Comayagüela, y de Osmín, con el que mantenemos comunicación.

Por ello extiendo mis condolencias ante un hombre que pasó por la vida sin hacerle daño a nadie, un modelo ciudadano.