Seguimos compartiendo el comunicado de la Conferencia Episcopal de Honduras (CEH). “Las elecciones del Bicentenario” y hoy abordaremos el numeral tres, quizás el más fuerte y contundente de los cuatro apartados que constituyen este documento, y que comienza diciendo: “Esta 11ª jornada electoral, desde la Constitución de 1982, debe venir a fortalecer la democracia y elevar la vida más digna para nosotros y para las generaciones futuras. Quienes aspiran a gobernar, recuerden que son servidores públicos y están llamados a trabajar por el bien común en todo momento”.

De acuerdo a Sto. Tomás de Aquino, el Estado es una institución necesaria y fundamental que deriva de la naturaleza social del hombre, y cuya finalidad no es sino alcanzar el bien común.

Por lo tanto, el Estado no tiene un fin para sí mismo, sino para los individuos que lo componen, es decir la persona humana y no al revés. El papa Juan XXIII, definió el “bien común” como abarcador de “todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfección”. Como consecuencia de ello, la totalidad de la actividad de los órganos y entes del Estado debería estar orientada a su logro y satisfacción, pero la realidad de nuestro país es otra.

Por eso, la CEH afirma “por dignidad y por justicia, no podemos permitir que la clase política siga jugando con el pueblo, explotando y beneficiándose perversamente de su condición vulnerable, en vez de preocuparse por las causas más profundas de la migración, de la delincuencia, de la falta de salud y la deficiente educación.

Es preocupante y doloroso que el índice de pobreza extrema en Honduras se ha elevado en los últimos años”. Y es que según estadísticas de la Unah, tras el paso de Eta e Iota y la pandemia, durante el año 2020 el índice de pobreza en el país, ha pasado de un 59.3% a un escandaloso casi 70% de la población.

“Con profunda tristeza hemos visto el procedimiento irresponsable que se aplicó para enfrentar la pandemia; procedimiento dirigido por autoridades indolentes e incompetentes. No es posible que sigamos esperando limosnas y dádivas de los demás países para acceder a un poco de vacunas contra el covid-19.

Y es que aunque es cierto, que no era necesario que llegara esta crisis sanitaria para que conociéramos la inoperancia y la lipidia que sufre el sistema público de salud hondureño, el extremo en el que hemos caído, supera con creces la expresión tocar fondo.

Los señores obispos cierran este numeral exigiendo “un mayor compromiso y mejores resultados en el ejercicio de gobierno y en la toma de decisiones de parte de quienes ostentan cargos de elección popular. Y, aquellos que ahora se están postulando deben ser muy conscientes de lo que les espera”. Para la iglesia la política es un ámbito de ejercicio de la caridad, fundamentada en la verdad, que es la única fuerza eficaz, capaz de cambiar el mundo. “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 11,25).