Como mexicano, me declaro un enamorado de esta ciudad. Fue aquí donde conocí y me casé con Luisa Margarita (QDDG). Pasó a ser, desde ese entonces, el San Pedro Sula de mis amores. Admiro su progreso continuado y su gente emprendedora y visionaria. Literalmente he visto crecer la ciudad y desarrollarse frente a mí. Siempre he creído que, si un día se levantara un Monumento al Progreso de San Pedro Sula, el lugar ideal sería la estación del tren.

Porque fue inicialmente el ferrocarril y el auge bananero el que trajo la gran expansión de lo que en un tiempo era solamente una aldea. Hoy, su progreso es un imán que atrae gente de todo el mundo. Cientos han venido para establecer y trabajar en sus maquilas, “call centers” y otros mil negocios más. Aunque el flujo de inmigrantes no es del todo nuevo. Desde que yo recuerdo fue un crisol de razas con gente increíblemente trabajadora.

Llegaron no solo desde Olancho y Santa Bárbara, sino también desde Palestina, Asia y Europa. Del San Pedro Sula que yo conocí en 1959 al San Pedro Sula de este 2022 hay una enorme diferencia. Se han ido para siempre algunas cosas que algunos añoran.

La tranquilidad de calles poco transitadas, los bailes en el distrito, los helados en el Salón Bell, el Palmeras Club, el supermercado La Criolla en el Pasaje Valle, el Dr. Pilo Hernández dando consulta y hasta medicina por solamente un lempira, los cines con sus divisiones de palco, luneta y galería. Por supuesto, la ciudad tiene muchos problemas.

Al acelerarse el progreso, con las oportunidades llegaron también las dificultades. Con la gente buena, trabajadora y esforzada, llegaron los delincuentes. Con los optimistas, que ven el futuro y van en pos de él, llegaron los pesimistas, que creen que no hay futuro.

Creo firmemente en que lo mejor de la historia de San Pedro está aún por escribirse. Será un San Pedro Sula aún más dinámico, capaz de resolver sus problemas y de crear nuevas y maravillosas oportunidades.

LO NEGATIVO: Concentrarnos tan solo en lo negativo de esta ciudad.

LO POSITIVO: Tener visión y comprender que lo mejor de San Pedro está aún por venir.