Un ya anciano sultán llamó un buen día a uno de sus videntes, para consultarlo. Dime, le preguntó, ¿Cuánto tiempo viviré? ¡Oh señor! respondió con gran seguridad el clarividente, usted vivirá hasta que haya visto a todos sus hijos muertos. Se cuenta que el sultán montó en cólera, y mandó a ejecutar al desdichado vidente.

Llamó a otro, y le hizo la misma pregunta. Este meditó por un momento, y respondió: “Majestad, lo veo bendecido con una larga vida. Tan larga que sobrevivirá a todos sus parientes”. Esto deleitó tanto al viejo sultán, que recompensó abundantemente al segundo vidente. En realidad los dos habían dado el mismo mensaje. La diferencia estuvo en la forma en que lo expresaron. No cabe duda de que las palabras tienen poder. Uno de ellos, el poder de destruir, ¿un ejemplo? Los ofensivos sarcasmos, como “me divertías, pero ya me estás aburriendo”, o “esa barba que te estás dejando solo causa risa”. ¿Y que me dice de los que, en su afán de ridiculizar, ponen apodos denigrantes? tales como “Rata Gorda” o “Tarántula Merusera”. Hay también el que cae en la trampa de dar órdenes en tono amenazador, logrando tal vez “sumisión”, pero nunca “cooperación”. También debemos añadir a los que, teniendo un buen argumento o una buena respuesta, que con pocas palabras comunicarían en forma muy clara, usan muchísimas palabras, oscureciendo su mensaje.

La buena noticia es que las palabras tienen también el poder de construir. Benjamín Franklin, que fue el primer diplomático norteamericano, tenía un método sumamente creativo para lograr que la gente aceptara sus ideas y puntos de vista. En lugar de hablar como el dueño de la verdad, solía declarar su argumento y añadir algo así: “Esto es lo que me parece a mí, y lo pongo a su consideración”. Así despertaba simpatía por su idea y esta era, por la otra parte, considerada y a menudo aceptada, no antagonizada. En nuestras comunicaciones diarias ¿construimos o destruimos?

LO NEGATIVO: Comunicar, tal vez inconscientemente, en forma tan tóxica que afectemos para mal a los demás.

LO POSITIVO: Comunicar conscientemente para bien. Cuidar tanto lo que decimos como la forma en que lo decimos.