Antes de que la pandemia mundial del covid comenzara a castigarnos sin piedad, una plaga de gorgojo descortezador de pino se convertía en epidemia en Honduras, mientras la peste de la corrupción se entronizaba sigilosamente en el ramaje gubernamental. El gorgojo descortezador es un diminuto insecto que inicia sus ataques en pinos debilitados por las sequías, el fuego y altas temperaturas, por eso en esta época de inundaciones los pinares no sufren como las plantaciones aledañas a los ríos.

La presencia de abundante bosque en las alturas, más bien amortigua el impacto de las lluvias en el suelo ayudando así, a que el agua no baje ferozmente hacia los valles y las llanuras. Por esta razón es imperativo que los gobiernos destinen suficientes recursos para la protección del bosque, pero resulta que durante la epidemia forestal, centenares de pinos sanos fueron cortados con el pretexto de que habían sido atacados por el gorgojo.

He aquí la mano oculta de la corrupción. Implementar medidas como la reforestación y la prevención de incendios forestales es básico para que en los próximos veranos no volvamos a presenciar el panorama desolador que presentan los pinos con su follaje de color rojo marrón, y resina acumulada en las grietas de su corteza. Si se tomasen previsiones como estas, los golpes de la naturaleza no serían tan groseros como ocurre con los desbordamientos de los ríos que ponen en zozobra, todos los años, a la población en zonas de riesgo.

El gorgojo de la corrupción ha venido carcomiendo, desde hace mucho tiempo, las estructuras en las que se sustenta el desarrollo del país, pero ha sido más evidente y desvergonzado en los últimos dos gobiernos. Cuántas obras en beneficio del pueblo se hubiesen construido si no hubiera ocurrido este aprovechamiento, contrario a ley y los principios morales, de los recursos del Estado.

Seguir machacando sobre lo sucedido tal vez no beneficie a la restauración de la maltrecha economía, pues para ello lo que urgen son acciones certeras y medidas efectivas. Sin embargo, no está de sobra recordarlo para que aquellos delitos no queden impunes o vuelvan a cometerse, tomando en cuenta que “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”.

La anunciada instalación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad y la Corrupción en Honduras (Cicih) enciende la esperanza de un accionar transparente en las ejecutorias del gobierno de Xiomara Castro, pero ello dependerá de las facultades que se le otorguen a esa institución. Si viene como un arete de adorno en la oreja del Ministerio Público, difícilmente podrá erradicar el persistente gorgojo de la corrupción.