Un hermoso cuento árabe relata sobre Yacub, un hombre que vivía en El Cairo. Era un hombre rico, caritativo y generoso. Más generoso y caritativo que rico. Así que un día se dio cuenta de que había repartido toda su fortuna entre los necesitados. Le quedaba tan solo la casa de sus padres, ya fallecidos. Una tarde se durmió en su jardín, bajo una higuera.

Soñó que un ángel le dijo: “Te faltó sabiduría, aunque te sobraron buenas intenciones. Te daremos una segunda oportunidad. Un tesoro espera por ti. Debes marchar a Isfaján en Persia”. El hombre despertó entusiasmado. Ese tesoro, pensó, lo invertiría y serían las ganancias las que repartiría.

Emprendió el largo viaje. Atravesó desiertos, cruzó ríos caudalosos, caminó hasta desgastar las sandalias, pasó hambre y sed, pero al fin llegó a su destino. Tan cansado estaba que se acostó a dormir en el patio de una mezquita. Junto al templo musulmán había una lujosa casa. Y ocurrió que unos ladrones atravesaron el patio de la mezquita y se metieron en la casa, a robar. Despertados los dueños pidieron socorro a gritos y los ladrones huyeron. Cuando llegó la autoridad, encontraron asustado a Yacub y lo arrestaron de inmediato.

El juez preguntó: ¿Qué te trajo a Persia? El hombre declaró la verdad: “Señor, un ángel me reveló que aquí en Isfaján encontraría un tesoro. Me mueve el afán de volver a tener riquezas para ayudar a viudas e inválidos con quienes gasté la herencia de mis padres.” El Juez se echó a reír. “Hombre necio, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín una higuera, y bajo la higuera un tesoro. No le he dado el menor crédito. Que no te vuelva a ver en Isfaján.

Toma estas monedas para que no pases tantas penurias a tu regreso, y vete”. El hombre las tomó y regresó. Buscó bajo la higuera en su jardín y encontró el tesoro prometido.

¿Habrá un tesoro cercano para usted”? ¿Incluso podrá estar dentro de usted mismo?

LO NEGATIVO: No percatarnos de que utilizamos una pequeña parte de nuestro verdadero potencial.

LO POSITIVO: Desarrollar una mayor parte de nuestro potencial. Ahí, tan cercano, está nuestro tesoro.