Todas las encuestas de los últimos meses han marcado que el expresidente brasileño Lula Da Silva ganaría de manera solvente en primera vuelta la presidencia del gigante sudamericano. Pero las elecciones de este domingo anterior han traído una verdadera sorpresa pues, aunque efectivamente el candidato de izquierda sacó ventaja, el desempeño del presidente Jair Bolsonaro ha sido de lo más aceptable.

Todo auguraba que Da Silva tomaría delantera de no menos de 10 puntos porcentuales y que además rebasaría el cincuenta por ciento para ganar en el primer tiempo; sin embargo, y aun contra todo pronóstico Bolsonaro se ha recuperado en las ultimas semanas y en la verdadera encuesta del día de la elección ha logrado reducir a solo 4-5 puntos y de paso, impidió el triunfo de Lula en primera vuelta.

El balotaje está marcado para el próximo 30 de octubre, cuatro semanas que, en un escenario político complejo, con tanta polaridad ideológica y en un país de 213 millones de habitantes ese tiempo es una eternidad en el cual literalmente cualquier cosa puede ocurrir. Ahora comienza un nuevo partido en el segundo tiempo, la oportunidad sobre la marcha de afinar y/o cambiar estrategias que busquen “seducir” sobre todo a los independientes e indecisos.

Tal como muy bien lo expresa un autor: “La noche electoral de cualquier primera vuelta tiene una gran relevancia para los “perdedores” (es decir, para los que no votaron ni al primero, ni al segundo).” Y esto también aplica para los que se abstuvieron o votaron en blanco.

Estas personas deberán elegir su segunda mejor opción... o la menos mala de las dos que quedaron en carrera. Así que el domingo anterior empezaron las decisiones de los que realmente deciden: los huérfanos electorales. Lula esta a la cabeza, pero Bolsonaro no esta acabado ni mucho menos, dos posiciones políticas completamente opuestas, con valores distantes, con visiones alejadas, y con enfoques separados se enfrentan de nuevo para ganar la presidencia de una de las economías mas importantes del continente.