Esta frase de “ahora o nunca” fue el principal grito de guerra política utilizada por la electa presidenta de Honduras, Xiomara Castro, candidata presidencial de Libertad y Refundación (Libre), que encabezó la Alianza Opositora, conformada por el Partido de Innovación y Unidad (Pinu) y el Partido Salvador de Honduras (PSH).

Hay un decir que la tercera es la vencida y esta vez resultó ser afirmativo, pues a las 9:00 de la noche del domingo 28 de noviembre pasado a unas horas de haber cerrado las 18,293 urnas distribuidas en los 298 municipios, el Consejo Nacional de Elecciones (CNE) presentaba los resultados preliminares con una amplia ventaja para Xiomara Castro.

Después de 12 años en el poder del Partido Nacional, desde el año 2010, con el expresidente Porfirio Lobo Sosa y los dos últimos periodos del actual presidente, Juan Orlando Hernández, decayó de manera nacional e internacionalmente por todo tipo de corrupción.

Tres poderes del Estado confabulados irrespetando la democracia republicana y violadores de la Constitución de la República y del Código Procesal Penal, pendientes de la justicia interior y exterior con una variedad de delitos, empezando por el narcotráfico.

Ante todo, este panorama de crisis en general, y en el cual 5,182,425 estaban habilitados para ejercer el sufragio, unos 3,221,264 se mancharon el dedito. Según datos del CNE, hasta ayer viernes a las 7:42 am se había computado el 67.68%, Xiomara Castro sumaba un 51.41% de votos y Nasry Asfura, candidato del Partido Nacional tenía 35.48%.

Importante que los observadores nacionales e internacionales se lleven buenas impresiones de la fiesta cívica que resultaron estas elecciones generales de principio a fin, donde los perdedores aceptaron los resultados fraternal y caballerosamente felicitaron a sus contendores.

Y donde una mujer, ex primera dama llamada Xiomara Castro por vez primera en la historia es presidenta de un país llamado Honduras.