La vulnerabilidad climática de Honduras es grande, por la falta de infraestructura de protección y las condiciones de pobreza y marginalidad de la población que no contribuyen a reducir el impacto de eventos climáticos.

Aunque sabemos muy bien que la posición geográfica del país nos hace muy propensos a afectaciones del cambio climático, la adaptación a esta situación que tiende a agravarse, no parece ser prioritaria en la agenda de país.

No solamente sucede en los municipios más visibles a través de los medios de comunicación masiva, sino también tierra adentro, donde las condiciones de vida suelen ser muy duras por la escasez de servicios públicos, y un sistema de carreteras y caminos mucho más frágil. Parece que no hemos aprendido a actuar de forma resiliente, es decir, que no tomamos las lecciones de los errores del pasado reciente, para no repetirlos. En plena temporada de huracanes, que se espera sea mucho más intensa que las anteriores, la incertidumbre crece al percibir esa falta de previsión, de un enfoque integral y no solamente desde la atención de desastres.

Vemos con más claridad la importancia de los gobiernos locales y de la necesidad de contar con la preparación adecuada desde esas instancias que son las que tienen el contacto directo con las necesidades de sus municipios.

El papel de las municipalidades es fundamental y por ello requieren la asignación presupuestaria adecuada, el apoyo en planificación, así como el seguimiento en la ejecución de proyectos.

El diálogo constante entre el gobierno central y las municipalidades es indispensable, siempre basado en la escucha activa, en la que es necesario el respeto mutuo y la acción decidida, porque esta Honduras es de todas las personas que hacemos vida en ella y cada una merece ser tratada con dignidad. Hay que dejar los escritorios, les dijo acertadamente a sus funcionarios la presidenta de la República, Xiomara Castro.

El llamado sencillo es clave, porque encierra una gran verdad: nada se puede construir con una visión parcial, de una Honduras conformada por muchas realidades distintas y complejas.

El gobierno debe trabajar de cerca con las municipalidades, haciendo a un lado simpatías o antipatías partidarias, porque la situación de enorme vulnerabilidad del país así lo requiere, porque cada región de país y cada sector es indispensable para hacer frente a los efectos que vamos a experimentar.

Nos encaminamos hacia la etapa más compleja de la temporada de huracanes, se hace tarde para la acción, hay que apretar el paso para convertir las buenas intenciones en acciones concretas, situando a las personas en el centro de todo.

Hoy corresponde centrarnos en la atención a las personas afectadas, dar prioridad a la ayuda humanitaria, pero debemos pensar en el después, en el país que debemos construir, con esta nación profundamente solidaria, que merece un mejor destino.