Más partidos ¿es más democracia?

Si hacemos una estadística para saber en qué porcentaje crecieron los registros legales de empresas en Honduras en relación con la creación de nuevos partidos políticos, nos arrojará que los nuevos partidos han crecido a una velocidad exponencial, pasando de un sistema básicamente de cuatro partidos a 15 institutos políticos, que competirán en las próximas elecciones. ¿Será que formar un partido político es más rentable que crear una empresa?, los números parecen avalar esta suposición.

Lo cierto es que a medida que los nuevos partidos se logran enquistar en el poder, cohabitan con el partido de turno o cogobiernan juntamente, se vuelven cada vez más parte del statu quo, que denunciaron para convertirse en una trenza de doble, triple y hasta cuádruple doblez. Parece que es fácil presentar un plan de gobierno haciendo promesas tan inverosímiles porque muchos saben que de ese plan, lo único que se recordará es que quedó engavetado, porque sus creadores jamás tendrán la oportunidad de gobernar el país.

Hoy vemos la proliferación de partidos políticos, pues suponíamos cuando reinaba el bipartidismo, que la creación de nuevos fortalecería la democracia entre las distintas fuerzas políticas para gobernar; empero, con las malas experiencias que se tienen, parece que estos nuevos partidos se constituyen solamente como plataformas electorales, olvidándose que lo que Honduras necesita son instituciones políticas que le apuesten a la permanencia, a la búsqueda del bien común y a la proposición seria de soluciones. Es que no se puede ver solamente la creación de estos nuevos institutos políticos como la mercantilización de la política, se tienen que establecer reglas claras que permitan saber si esta pluralidad está contribuyendo a fortalecer el sistema democrático o solo se trata de diluir más los intereses propios en pro de la negociación de cuotas de poder para acceder a empleo y sus dirigentes a las prebendas del poder. La ciudadanía esperaría que con tantas mentes pensando en los problemas de Honduras, se abriera un espacio de discusión, de debate y de propuestas, pero la minúscula membresía de estos nuevos institutos políticos no parece tener incidencia en el espectro político y la gente no parece incomodarle su presencia. El balance de los poderes públicos tan deseado y saludable en toda democracia, difícilmente se podrá afianzar mientras todo lo que hagan sea servir de escalera; se hace necesario que planten los grandes retos del país y ante todo, que contribuyan a crear ese balance e independencia de los poderes que vuelve a una democracia saludable y permite que no se manipule el poder por un poder omnímodo que quiere controlarlo todo. Porque estos nuevos partidos políticos no parecen atraer a los nuevos votantes, si no que se trata de una fuga de miembros de los partidos tradicionales que ya no encuentran cabida en un sistema de partidos que bien pudiera decirse que se trata de un sistema de élites, más que de partidos políticos.