Los aeropuertos y la Enee

Es una historia que se repite, solo cambian los nombres de los personajes; porque la experiencia que tiene Honduras en materia de concesiones y privatizaciones ha sido de completa desventaja para los intereses nacionales, por eso es que las amenazas de demandas y contrademandas, de incumplimientos y reclamos no es nada nuevo, es parte del desarrollo de un drama económico donde el pueblo hondureño siempre paga los platos rotos.

Se cuentan más los fracasos que éxitos en concesiones, pues desde los aeropuertos hasta la Enee, el resultado parece el mismo. Si vemos hacia atrás, la historia de los aeropuertos es tan similar con la empresa concesionaria de los servicios de la Enee, pues a Interairports se le concedieron los derechos para administrar 20 años los aeropuertos con unos compromisos contractuales claros: elevar la categoría a clase B, instalaciones aeroportuarias de primer mundo, seguras, así como la ampliación de las pistas de aterrizaje. Aquel contrato finalizó y las mejoras no se dieron, pero sí los aumentos a las tarifas de almacenaje en aduanas, algo que se pretende también hoy con la concesionaria de los aeropuertos, que en su pretendido deseo de balancear las pérdidas por el covid 19, ha pedido que se le conceda el servicio de carga del aeropuerto sampedrano.

En el tema de la energía eléctrica está sucediendo lo mismo, el Estado que no reclama oportunamente el incumplimiento de los contratos y que cuando lo decide hacer, deja un sabor de boca nada agradable para la inversión nacional y extranjera. Pocas áreas de los servicios públicos se mantienen como apetecibles para las concesiones, pues Hondutel, que antes era la gallina de los huevos de oro, hoy es un rotundo fracaso; sin embargo, quedan áreas como los aeropuertos y la energía eléctrica que todavía presentan oportunidades para la inversión extranjera.

O es que estamos designados a vivir esclavizados a estas concesionarias y sus monopolios, o es que el mercado no es suficientemente grande como para atraer competidores que permitan que realmente exista la competencia saludable, ya que cualquier concesionario que recibe luz verde del Estado, lo primero que se asegura es que no exista competencia y que el monopolio sea a su favor. Y es difícil prever un resultado positivo para el Estado en materia de litigios internacionales, en primera instancia, cualquier diferencia que se dé como resultado de estos contratos entre el Estado y la concesionaria no se dirime en Honduras, sino en el extranjero, y por otro lado, existe la clara percepción de la inseguridad jurídica.

Aquella fiebre de privatizaciones y concesiones que comenzó hace años está dejando al país más enfermo que antes, es decir, parece más dañina la medicina que le misma enfermedad, pues aparte de que no se cumplen las metas contractuales pactadas, el país se enfrenta a la posibilidad de tener que indemnizar a la concesionaria, sin que se deduzcan responsabilidades a aquellos funcionarios que descuidaron el seguimiento del contrato, no documentaron los incumplimientos o tomaron a la ligera el futuro de Honduras.