Peligro latente

No soy sociólogo o psicólogo, pero a partir de las lecturas sociales de lo que acontece en lo cotidiano puedo afirmar que estamos en un peligro latente. Vaya descubrimiento afirmará el lector; sin embargo, déjeme explicar a lo que me refiero. Cuando se anunció el primer caso de coronavirus en el país en marzo de 2020 todo fue histeria colectiva, se decretó la cuarentena a permanecer en casa sin ninguna actividad laboral, social, económica de manera presencial.

Luego las medidas se fueron flexibilizando para reanudar la actividad económica; después aparecieron las tormentas Eta y Iota, y a partir de ese momento las medidas de cuarentena se olvidaron en la celda del pasado.

Los contagios y muertes siguieron el telón de fondo de la promesa demagógica de construcción de 94 hospitales, la compra fallida y corrupta de 7 latas móviles, y la tardía espera de las vacunas. Vino el 2021 y con ello las campañas políticas primarias, luego la Semana Santa, después se recibieron las primeras vacunas hasta llegar al día presente en el cual se ha mejorado (aunque no lo suficiente) el ritmo de inoculación; apareciendo en la inmediatez el feriado Morazánico y la campaña proselitista de las elecciones generales.

Entonces el peligro radica en lo siguiente: la ciudadanía ya se cansó de las restricciones, del distanciamiento, se hastió de las mascarillas, y allí entró el engaño del cerebro de susurrar en el pensamiento colectivo de que todo ha vuelto a la normalidad, que podemos hacer todas las cosas que antes hacíamos, que no hay peligro cuando es exactamente lo contrario. Muchos están como la ranita que se mete en la olla de agua que inicia a calentar, pero su cuerpo se va adaptando a la temperatura, pero una vez que el agua hierve es demasiado tarde para reaccionar, el hades espera el último suspiro del anfibio que no tiene capacidad para librarse de la muerte. Por su vida y de su familia, por la patria que ama; cuídese, no escuche cantos de sirena que lo invitan al paseo de la muerte. Doble mascarilla, distancia social, lavado constante de manos y vacunación siguen siendo nuestra responsabilidad humana para vencer en esta batalla.