Chupando con la muerte

Y es acá donde quiero hacer una salvedad, por eso de las malas interpretaciones. Uno de los rubros o industrias más golpeadas en el Mundo es el turismo, donde una minoría se reinventa desaprendiendo y aprendiendo desde hace año y medio para convivir con la Covid-19, porque está claro que quien hable de postpandemia simplemente está endulzándose el oído porque eso no sucederá, al menos en una década.

Los restaurantes, en su mayoría, mutaron a la entrega a domicilio o atención por ventanilla, pero igual continuaron ofreciendo la opción para el selecto grupo de los valientes, la atención en espacios cerrados para quienes siguen gustando de ingerir un bocado y colocarse la mascarilla, beber un sorbo y ponerse otra vez el tapaboca, fumarse un cigarrillo y exhalar hasta por los ojos y así sucesivamente hasta terminar su “lunch” para quedar satisfechos por haber burlado con éxito el virus de la muerte.

Pero bien, en Honduras cada uno de sus hijos ya decidió cómo llevar su vida y la de quienes tienen a su cargo. Pero sigo entre el asombro y la negación tras escuchar a muchos decir que le tienen miedo a la vacuna porque sus efectos secundarios son feos, dolorosos y hasta diabólicos, pero no admiten ni lo harán que es más cruel llegar a cada fin de semana superando con hidalguía las gomas, crudas o resacas.

En los restaurantes con opción a buffet uno elige qué comer, igual en la vida nocturna uno decide a qué ron le va a entrar, en qué pista se mueve mejor el esternón o qué cantina visitar; por lo tanto, el restaurantero y el cantinero están en lo correcto al ofrecer sus opciones al mejor postor, queda a criterio del cliente a qué está dispuesto en sus giras de bar en bar.

Existe un toque de queda que obliga a los comerciantes del menú nocturno a cerrar sus puertas a las 10.00pm y abrirlas a las 5.00am, el punto acá es que sí lo están cumpliendo y a cabalidad: abren hasta las 10.00pm para quien quiera entrar y abren a las 5.00am para quien quiera salir. Nada mal, total la Ley no especifica si cerrar con todos adentro o todos afuera.

Lo escribo con tristeza porque jamás voy a superar que en un país como el nuestro la mayoría se acostumbró a convivir en la tragedia, entre el drama y el dolor, concluyeron que es mejor eso que aspirar a una vida mejor.

Cada mañana veo cómo siete de cada 10 ya tiraron la mascarilla, olvidaron el distanciamiento y se volvieron indiferentes a la pandemia; personas que inexplicablemente decidieron ser anfitriones de la muerte, aun cuando Honduras sigue perdiendo gente muy valiosa y nos guste o no, todos somos corresponsables hasta cierto punto por no ser tajantes en la mayoría de los casos con acciones anticovid a tomar.

Del Gobierno y su gestión en la pandemia ya se dijo casi todo: Fracasaron, el resto nos toca a todos, ser congruentes en nuestras decisiones y beligerantes con las acciones, de no hacerlo, seguiremos escuchando cada vez más en coro y en estados de Facebook el: "ojalá pudiera devolver el tiempo para verte de nuevo, para darte un abrazo y nunca soltarte...".

Según los datos compartidos en la última semana por la Organización Panamericana de la Salud, OPS; Chile, en un 58% ya vacunó a su población contra la Covid-19 y el 55% en Uruguay, en Paraguay y Jamaica menos del 3% de la población ha completado su esquema de vacunación. Honduras y Guatemala aún no han vacunado ni el 1% de su población.

Ante un escenario como este, en Honduras no queda más alternativa que continuar en protocolo pandémico, pues a diferencia de países como Estados Unidos, donde una de dos personas ya está inmunizada, creando así un cerco epidemiológico por cada dos habitantes; en nuestro país, de un grupo de 10, nueve son potenciales amenazas y solo uno se encuentra protegido con vacuna anticovid.

Lamentable, sí, triste. Y cuando escribo “congruentes en nuestras decisiones y beligerantes con las acciones”, me refiero al maestro que está decidido a no volver a las clases presenciales por no tener vacunas, pero está dormido cuando sus hijos deambulan de bar en bar chupando con la muerte, me refiero al doctor que salva vidas día a día, pero sus hijos la “tentan” noche a noche entre tragos de colores; cuando el periodista habla con propiedad, pero sus hijos expropian su ética de antro en antro y cuando se exigen vacunas airadamente a un sistema fallido, pero cuando por fin vienen miles les tienen miedo.