Preguntas que la mayoría nos hacemos

Había pensado llamar a esta columna: “Preguntas que todos nos hacemos”, pero luego caí en cuenta que, tristemente, hay hondureños que piensan que todo marcha sobre ruedas, que el desarrollo del país es un hecho y solo los que no queremos verlo lo negamos.

Hay, por que los hay, ciudadanos de esta Honduras que viven como en el primer mundo; que ante los innumerables problemas que nos aquejan, se colocan una venda y prefieren echar una siesta; personas que creen que la pobreza es un rasgo pintoresco que ayuda a atraer el turismo y que palabras como solidaridad, conciencia social o responsabilidad personal y colectiva son, casi, malas palabras.

Pero los demás, los que somos, indiscutiblemente, la mayoría, sobre todo en los últimos meses no hemos parado de preguntarnos: ¿Cómo puede dormir tranquila una persona que desde que retornamos a celebrar elecciones (y ven que no hablo de retorno a la vida democrática, porque entre una cosa y otra hay muchos matices), ha vivido del Estado sin que se conozca a ciencia cierta cuál ha sido su aporte al desarrollo nacional? Y hablo de diputados, funcionarios públicos que saltan de un gobierno a otro y se comportan como auténticos camaleones políticos, gente que baila al son que le toquen mientras el ritmo incluya algún tintineo de monedas…

Nos preguntamos, también, ¿cómo es que hay personas a las que les importa tan poco el país que no son capaces de deponer sus propios intereses para hacer un frente común para buscar la trasformación integral de Honduras? Porque lo que hemos visto últimamente, y nos ha llenado de frustración, de profunda tristeza, es afán de protagonismo, defensa a ultranza de enfermizos intereses personales, complicidad simulada o abierta, negociaciones bajo la mesa, tranzas y más tranzas…

Y, además, ¿las personas que hoy ocupan cargos que, en el papel, se obtiene por elección popular, realmente los han obtenido de manera legítima?, ¿o son producto de urnas infladas, credenciales vendidas y compradas, malos hondureños inescrupulosos, hombres y mujeres interesados en mantener sus privilegios o, al menos, la chambita en el gobierno? Porque solo así se entiende el desinterés de algunos por resolver el drama moral, la tragedia ética, que sufre esta pobre patria, en la que el plomo flota y el corcho se hunde; en la que la impunidad campea a sus anchas y en la que los malvados de alinean para fusilar a la esperanza.
Y muchas preguntas más…que producen dolor, que causan rabia, que generan a tantos deseos de marcharse, aunque se deje el país en manos de sus peores hijos.