¡En todo tiempo regocíjese!

“Dormí y soñé que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era servicio. Actué y he aquí, el servicio fue alegría”.

Rabindranth Tagore. Es evidente que la ansiedad se puede manifestar de muchas formas: puede detener, retrasar el regocijo, energía y entusiasmo, confianza y el bienestar de la vida.

Esa sensación de desasosiego, con mucha presión nerviosa que cubre la personalidad como el esmalte a las uñas. La realidad para muchos son las adversidades que han tenido que enfrentar por la pandemia: finanzas, salud, problemas familiares, lo que se expresa en algunos con nudos en el estómago, otras veces ataques de ansiedad o episodios de estrés postraumático. La realidad es que el ritmo de la vida es más rápido de lo que se puede controlar.

Es el tiempo de agradecer a los que ayudan a entender desde la genética, nutrición, medicina, terapeutas, consejeros, psicólogos, psiquiatras y personas que han sido vasos de barro usados por Dios para ayudar y traer sanidad. Pero al igual que el apóstol Pablo atacó la ansiedad sobre la base de la verdad espiritual; él establece una práctica de vida diaria que es el regocijo.

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Filipenses 4:4 RVR60. La felicidad es una emoción que viene y va según las circunstancias; pero el gozo y la alegría son las disposiciones del corazón, por eso el gozo y la tristeza no se excluyen entre sí.

A Jesús lo ungieron con aceite de alegría, pero lloró. La felicidad es una emoción, la alegría es una actitud. Las actitudes son más profundas y las actitudes adecuadas proveen el suelo para emociones más saludables según se madura.

Las emociones van y vienen, pero las actitudes vienen y crecen; regocijo no solo es buena idea, no es una sugerencia placentera; demuestra nuestra disposición en confiar en Dios de tal manera que influye en nuestras actitudes, eres llamado a disfrutar la vida hoy.