Deuda política

¿Quién le debe a quién? Es la pregunta que debemos plantearnos seriamente cuando el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria en Honduras ha asegurado que la deuda política en las próximas elecciones generales del mes de noviembre ascenderá a 190 millones de lempiras.

Esto debe entenderse no en el sentido de que ese monto es el que se erogará para la celebración de los comicios; no, es el cálculo que el Estado deberá pagar a las instituciones políticas que participan para “fortalecer la democracia”.

Su voto costará literalmente 59 lempiras aunque en el día de la elección usted lo ofrezca al mejor postor, muchos de nuestros políticos ofrecen hasta un “Ramón Rosa” y quizá un tanto más por la venta de su dignidad tras la cortina.

La democracia en nuestro país es carísima, el pueblo hondureño paga miles de millones de lempiras anuales para sostener a una jauría que no se sacia de succionar la res pública hasta límites impensables.

De tal manera que la clase política -si tuviese un gramo de moral- debiese entender que son deudores eternos de la sociedad hondureña: nos deben educación de calidad, no la maltrecha y abandonada que tenemos; nos deben seguridad ciudadana, no la extorsión y los crímenes que sufrimos a diario; nos deben salud integral, no la estrechez de un sistema sanitario que se desangra.

Nos deben limpieza de manos, no la imagen manchada de gobernantes con señalamientos graves en cortes extranjeras; nos deben generación de empleo y espacio para emprender, no un sistema desigual que no permite la innovación; nos deben seguridad social, no latrocinios y desfalcos infames a las arcas públicas. Entonces al acercarse cada vez más el día de la elección usted debe preguntarse quién le debe a quién, al responder desde la conciencia objetiva podría concluir que: debe asumir responsabilidad ciudadana para generar un verdadero cambio o sigue alineado al sistema siendo cómplice de la funesta corrupción en la que vivimos.