Horizonte de vida

La búsqueda de razones para vivir es una capacidad propia del ser humano que da sentido y nombra cuanto existe en la realidad. El ser humano da sentido a su propia vida, quizá por su capacidad de inteligencia y de reflexión de sí mismo.


Él se mira en el reflejo del agua y ve lo que es distinto de sí, y se relaciona con eso, pensándolo y haciendo uso de ello para que favorezca su existencia. La historia, el arte, la ciencia y la fe son porque el hombre las hace operativas, pero sin él no existen, por lo tanto así como da sentido es capaz de perderlo. Sin embargo, es un ser frente a un mundo distinto y a la vez es parte de él.


La situación pandémica que nos acompaña desde hace año y medio ha afectado nuestras vidas, y aunque por momentos tenemos las mismas actitudes y comportamientos que teníamos antes del covid-19, estas muchas veces son consecuencia de la necedad, nos hace percibir que por mucho que nos esforcemos en pensar “que nada ha sucedido”, ciertamente de modo abrupto nos damos cuenta de que “ya no es lo mismo”.


De una manera fatalista, Nietzsche decía que “la vida es irracionalidad cruel y ciega, dolorosa y destructiva”.


Esto nos hace pensar que la razón es propia del hombre, la naturaleza hace su movimiento sin pensarlo, solo obedece a su “ley”, que muchas veces interpretamos como mala, pero es el sentido que nosotros le damos, a esta no le interesa lo que cada hombre reflexiona.


Entonces ¿qué sentido podemos encontrar en todo esto?, ¿debemos dejarnos aplastar por el peso de la adversidad y el devenir? Curiosamente dentro la lógica humana está la indagación de las razones para continuar viviendo, la resistencia provocada por la angustia de la muerte nos hace encontrar una salida, que nace en el interior, y desemboca en modos para salir “adelante”, sería terrible que el ser que da sentido sea el que lo pierda.


La mirada humana no puede detenerse solo en un horizonte puramente material, sino que nuestra condición nos impulsa a inspirarnos y encontrar fundamentos que nos permitan movernos por la esperanza.


La vida humana tiene un propósito que debemos descubrir, pues no somos pura materia que está destinada a desvanecerse en los elementos naturales, sino somos aliento eterno de comunicación de vida que perdura a pesar de la fragilidad que nos envuelve, por eso la peor enfermedad acontece en nuestros corazones cuando damos cabida al sinsentido o a la desesperanza, tan perjudicial que compromete no solo nuestra vida, sino la creación. La fuerza transformadora y renovadora proviene de adentro.