Lo esencial ya no lo es

“Lo esencial no está en ser poeta, ni artista, ni filósofo. Lo esencial es que cada uno tenga el orgullo de hacer las cosas bien, de sentirse transitoriamente satisfecho de su obra, de quererla, de admirarla. Nuestra humildad no debe ser conformidad, ni renunciamiento, ni claudicación, sino grandeza de nuestra pequeñez que tiene la valentía de sentirse útil y grande frente a la magnitud del universo”. (Alfonso Guillén Zelaya).

¿Y tú lector? ¿Cómo te va con esto? ¿Te identificas en esas palabras? ¿O solamente admiras la belleza encerrada en ellas?

Lastimosamente con el paso del tiempo como que las palabras sirven a otros propósitos y cambian su significado. Así el orgullo, ese sentimiento de satisfacción por los logros o capacidades, en los momentos actuales paso a una connotación negativa y se relaciona con soberbia, altivez, arrogancia y desprecio por los demás. Y la humildad, como ausencia de soberbia, ya no es virtud sino un lastre que debe esconderse porque denota pobreza y debilidad.

Y es que ya no vivimos agradecidos en nuestras vidas, sino en conflicto porque nunca estamos satisfechos. Ansiamos más, de todo. Hemos perdido la paz porque la envidia nos corroe. Deseamos que los demás no tengan más que nosotros. Esto nos ha hecho perder el enfoque del sentido de la vida y nos debatimos en pasiones adictivas de baja frecuencia que nos generan ansiedad.

El humano se ha vuelto amargado, taciturno, rumiando dramas y desgracias, llevando las virtudes a un punto de negación en su cruzada de aceptarse, cosa que no logra porque su conciencia no se lo permite, y eso le genera una actitud de resentimiento contra todo y todos.

Y así los encontramos en toda actividad, vacíos, sin educación, sin respeto a los valores, hablando solos, catatónicos de tanta disfunción y deslumbrados únicamente con lo que brilla. Y peor aún marcando el paso de una generación que se debate entre la tecnología y las redes sociales sin saber qué hacer con sus vidas porque nunca han racionalizado que existe una vida real más allá de sus pantallas, memes, y likes.

Y lo esencial, la materia prima, el pensamiento inicial divino ha quedado sepultado por hipocresías y cultos a lo efímero. Ya no hay un individuo, una presencia, dentro del cuerpo. Es solo un títere.

Estos son los momentos actuales. Lo esencial de ahora es distinto. No tiene nada que ver con sentimientos, ideales, nivel de conciencia o la búsqueda inherente de Dios.

Pasó de ser trascendente a mundano.