Bukelazo

Sí, así como la disolución del Congreso de Perú en 1992 fue llamado Fujimorazo, y considerado golpe de Estado; lo hecho ayer por el Congreso de El Salvador a instancias del presidente Bukele es un golpe de Estado, pues significa que una misma fuerza política controlará los tres elementos fundamentales del Estado salvadoreño.

Los dos primeros fueron alcanzados por medios democráticos, en las urnas; y aunque no nos guste, hay que aceptarlo. Bukele ganó las elecciones presidenciales hace dos años y las elecciones parlamentarias de hace un par de meses le dieron mayoría absoluta en el Congreso a su partido.

Inconveniente, pero democrático y constitucional. Lo hecho ayer por él y su Congreso, sí constituye, en mi opinión, un golpe de Estado; pues de manera arbitraria e injustificable destituye a los magistrados de la Corte Suprema y al Fiscal General, quienes eran los únicos que le habían ofrecido resistencia desde la institucionalidad del Estado. En otras palabras, el BUKELAZO completo es tomar control, de manera arbitraria e injustificada, de los tres poderes del Estado. Y aún si constitucionalmente existen mecanismos que permiten esta destitución, todos sabemos que es arbitraria y que se da por el grado de control que tiene sobre su servil Congreso, y no por una causa real.

Bukele ahora gobernará a su antojo y sin control político, ni judicial; sin rendir cuentas a nadie y haciendo uso efectivo de los espejismos populistas que con mucha habilidad despliega por medio de redes sociales. Supongo que hay que reconocer que este joven presidente aprendió de grandes maestros como Fujimori, Ortega, Correa y Trump; los diversos componentes de su arsenal político y los ha desplegado con destreza; para convertir El Salvador en una “dictadura en democracia”

Hoy El Salvador amanece fuera de la lista -al menos de la mía- de democracias, y se integra a la lista de las dictaduras, que ya incluía en América Latina a Cuba, Venezuela y Nicaragua; y que por períodos casi incluyó también a Ecuador y Bolivia, que en diversos momentos recientes fueron salvados de la dictadura sin fin, precisamente por sus cortes supremas o tribunales electorales.

Queda por ver si Bukele logrará también lealtad -por cualquier medio- del Tribunal Electoral, con lo cual podría entonces convertirse, además, en una dictadura permanente, como las de Cuba y Venezuela.

En Centroamérica hoy tenemos dos países en riesgo de convertirse en dictaduras de facto y a largo plazo en El Salvador y Nicaragua, con disfraces de democracia tan burdos como los de Cuba y Venezuela; además de un país cuyo presidente está acusado de narcotráfico y lavado por el Gobierno de Estados Unidos, y en el que uno de los principales candidatos para la próxima elección recién cumplió tres años de cárcel por lavado.

Estamos, como región, repitiendo nuestra historia de corrupción y dictadura.

Y la verdad, la cosa no es tan difícil... tenemos todo lo necesario, menos un pueblo educado que escoja mejor a sus gobernantes.

Y en nuestra elección de febrero de 2022; cómo decía mi abuela: “cuidadito con una torta...”