Cree lo que ven tus ojos

​Esta es la terrible sospecha de muchos afroamericanos y miembros de otras minorías en Estados Unidos. Un país que no derogó la esclavitud al establecer su acta de independencia en 1776 -es su pecado original- todavía hoy no logra cumplir la promesa de que todas las personas sean tratadas como iguales. El temor es que, si no hay nadie grabando, la Policía puede abusar de ti -o incluso matarte, como en el caso de Floyd- solo por el color de tu piel. ​

Décadas de esclavitud, seguidas por décadas de discriminación, demuestran que Estados Unidos no ha podido -ni querido- deshacerse de su triste pasado racista. Hay una larga y triste lista de afroamericanos que han muerto en recientes enfrentamientos con la Policía y hay que decir sus nombres: Daunte Wright, Trayvon Martin, Michael Brown, Eric Garner, Philando Castile, Breonna Taylor, Tamir Rice y el simbólico caso de George Floyd. Este último es el que ahora nos ocupa.

​El pasado 25 de mayo en Mineápolis, la Policía arrestó a un hombre negro de 46 años de edad luego de que el empleado de una tienda denunciara que había pagado unos cigarrillos con un billete falso de 20 dólares. Lo que siguió es, posiblemente, uno de los asesinatos más vistos en la historia. ​Esposado con las manos en la espalda y boca abajo, tirado en el piso, con la rodilla del agente de policía Derek Chauvin sobre su cuello, George Floyd repitió más de 20 veces la frase: “No puedo respirar”.

El video dura unos angustiosos nueve minutos y veintinueve segundos. ​El video fue filmado en su celular por una muchacha afroamericana de 17 años de edad llamada Darnella Frazier. Y esto fue lo que dijo durante su testimonio en el juicio contra el policía Chauvin: “Me he pasado noches pidiéndole disculpas a George Floyd por no haber hecho más, por no haber interferido físicamente y haber salvado su vida. Pero esto no se trata sobre lo que yo debí haber hecho, sino de lo que ellos (los policías) debieron haber hecho”. ​

Esta vez, el asesinado fue George Floyd, pero pudo haber sido cualquier miembro de la familia de Darnella. “Cuando veo a George Floyd veo a mi padre”, dijo ella durante su testimonio. “Veo a mis hermanos, a mis primos, a mis tíos, porque todos ellos son negros… y veo cómo pudo haber sido cualquiera de ellos”. ​En esta época de fake news en las redes sociales, de granjas de bots o trolls (tuiteros pagados por organizaciones y gobiernos) y de hiperrealidad (en que se puede cambiar la cara en un video para aparentar que es real) estamos cada vez más entrenados a sospechar de lo que vemos. ¿Cómo sé si la imagen de una protesta, un accidente o una guerra que veo en mi celular corresponde al país y a la fecha que indican? Pero en el caso del video de George Floyd todo lo que vimos fue cierto. ​“Cree lo que ven tus ojos”, dijo en sus argumentos finales Steven Schleicher, uno de los abogados en el caso contra el policía que mató a Floyd. “Este caso es exactamente lo que tú pensaste cuando viste el video por primera vez. Es lo que sentiste en el estómago. Es lo que sabe tu corazón”. Y lo que pensamos fue: ese policía mató a George Floyd frente a nuestros ojos.

El jurado estuvo de acuerdo. Derek Chauvin fue encontrado culpable de asesinato y será sentenciado en unas semanas. ​El asesinato de Floyd fue tan cruel y brutal que, aun en medio de la pandemia, hubo protestas masivas en varias ciudades de Estados Unidos. La difusión del video ha obligado a policías en todo el mundo a cambiar la manera en que tratan a un detenido, particularmente cuando los están grabando. “Tenemos 18,000 departamentos policíacos (en Estados Unidos) y no puedo asegurar a la comunidad que esos 18,000 departamentos de policía no van a autorizar el poner la rodilla en el cuello (de un sospechoso)”, me dijo en una entrevista Art Acevedo, el nuevo jefe de la Policía en Miami y quien se dio a conocer por su trabajo en Houston. “Pero sí sé que los departamentos que son profesionales no lo permitían antes y no lo van a permitir ahora”.

​Lo que también cambia con el asesinato de Floyd -y la difusión del video de su muerte- es la noción de que todos estamos obligados a participar de alguna manera si vemos un crimen o un abuso. El silencio y la neutralidad no son opciones si te toca presenciar una injusticia. ​Los celulares -que en la práctica han convertido a millones de ciudadanos en reporteros y testigos de primera mano- son el arma más poderosa que tenemos en contra de la brutalidad policiaca en cualquier parte del mundo. ¿Qué policía se va a atrever a ponerle la rodilla en el cuello a un detenido si sabe que lo están filmando? ​Y todo comenzó cuando Darnella se atrevió a apuntar con su celular a un policía y apretó el botón de grabar.

Como lo dijo en su testimonio durante el juicio, siempre tendrá la duda de si pudo haber hecho algo más para salvar la vida de George Floyd. Pero gracias a su claridad moral y mental va a salvar muchas vidas en el futuro. Con las nuevas tecnologías -y un testigo valiente- casi nada se puede ocultar. Hay que creer en lo que ven tus ojos.