Descuido en la costa norte

Honduras es un país diverso. Varios paisajes son visibles en su territorio. Y varias regiones hacen diferentes contribuciones. Normalmente por la riqueza relativa de sus recursos, la inteligencia de sus empresarios y la fuerza de su mano de obra. Una de las regiones más productivas es la costa norte, tanto la que se conocía antes como la “costa abajo” como la “costa arriba”. La primera más inundable que la segunda; pero las dos, con una industria fundamental: el cultivo bananero, que, por sus exigencias y especialmente en la costa abajo, los industriales del banano tuvieron que efectuar obras de control y mitigación.

El río Ulúa y el Chamelecón, útiles para irrigar la rica zona, también fueron un problema que solo pudo mitigarse mediante el control de sus aguas, que en determinados momentos han sido –y lo seguirán siendo– un verdadero peligro para la industria y la vida de la población.

Una serie de reportajes de este periódico han puesto en evidencia la importancia y la fragilidad de la zona. Y un valiente funcionario, Leonel Ayala, ministro de Gobernación, ha dicho sin ambages que tenemos 53 años de irresponsabilidad, que las dos últimas tormentas que afectaron la zona pusieron en evidencia.

Y que nos han llevado a establecer algunas conclusiones. En 1954 se produjo la huelga bananera, que provocó un enorme cambio en el aumento de los costos para las dos empresas bananeras establecidas allí. El país experimentó una disminución de la mano de obra empleada y sin duda –no lo hemos estudiado– una reducción de la inversión en el mantenimiento de los bordos. Pero lo peor, estos poco a poco, su mantenimiento pasó de empresarios diligentes e interesados a burócratas negligentes, poco responsables de sus obligaciones.

Por ello, desde entonces, como lo señala Ayala, el país solo ha dado mantenimiento –de dudosa calidad porque el Colegio de Ingenieros no tiene investigación, ni ejerce responsabilidad por la calidad de las obras de sus miembros– y se han descuidado tres problemas adicionales: más tierras se han dedicado al cultivo y los patrones de población y mitigación se han tornado muy irregulares. La zona ha experimentado un elevado crecimiento poblacional. Tierras dedicadas al cultivo de la caña –que resiste las aguas estancadas mucho más que otras plantaciones– se han dedicado a viviendas, construidas sin tener en cuenta que las casas de las zonas secas no son adecuadas para la costa norte.

Las universidades públicas y privadas, poco dedicadas a la investigación científica, no le han prestado atención a este tema, diseñando y planificando edificaciones más resistentes, como nos mostraron los empresarios bananeros en su momento. Los ríos se han azolvado y poco se han dragado para aumentar la velocidad de sus caudales. Y, en tercer lugar, la zona del Merendón se ha dañado permitiendo el cultivo de café, que ha reducido las capacidades de retención de las aguas.

Pero el mayor error cometido es haber dejado en el Gobierno el problema. La zona norte la abrió a la economía la actividad privada y la mantuvo el capitalismo. Ahora indebidamente hemos dejado la responsabilidad exclusiva en el Gobierno, cuyas prioridades son poco controladas por la ciudadanía.

En un momento, Jaime Rosenthal, un capitalista agresivo, dijo que ellos podían financiar la construcción de las represas y el control de las aguas del valle. Pero como estamos enamorados del Gobierno –pese a sus limitaciones– no le prestamos atención. Y ahora, en condiciones geopolíticas negativas, con recursos muy disputados, ha llegado la hora de pasar de las reparaciones y disimulo de problemas a enfrentar las inundaciones de la zona norte con responsabilidad.