¡Creencias y realidad!

“La ciencia me dice que Dios existe, la mente, que nunca lo comprenderé. Y mi corazón, que está más allá de nuestros sentidos”: Dan Brown. Gran parte de la ciencia y la tecnología que se usa en el espacio se basa en la teoría del pequeño mundo de átomos y partículas conocida como mecánica cuántica.

Establece si dos partículas están entrelazadas, automáticamente manipulas una cuando manipulas la otra, incluso si están muy lejos y sin que estén interactuando.

Esto no prueba o descarta a Dios, pero puede influenciar a pensar en Dios en términos físicos. ¿Quizá como una lluvia de partículas entrelazadas, transfiriendo información cuántica de un lado para otro, y ocupando así muchos lugares al mismo tiempo? ¿Incluso varios universos al mismo tiempo? La ciencia requiere evidencia, y Dios una fe que manifiesta una experiencia.

Así como se conoce el mundo natural por los sentidos, de igual forma el mundo espiritual por la fe, no es producto de la inteligencia humana ni del fruto o trabajo, sino firmemente anclada en la naturaleza, presencia y promesas de Dios. La fe es un fruto o don del Espíritu, muchos quieren tener fe a fuerza de voluntad, como si la fe fuera producto de un esfuerzo.

En el Antiguo Testamento, ningún sacerdote se vestía con lana, se vestían con lino, ya que les impedía sudar; no se puede venir a Dios con esfuerzo humano. La gente con frecuencia niega que existe un problema cuando se esfuerza por demostrar su fe, ya que tener un problema parece una señal de incredulidad.

La fe no niega que exista un problema, le niega al problema un lugar de influencia. La fe no es jactanciosa ni se promueve así misma y no tiene que demostrar su valía, la fe nace del descanso, no del esfuerzo, es la base sobre la cual enfrentamos los imposibles. La ignorancia pide entendimiento; la incredulidad, pruebas.