Año ciclónico

Se ha anunciado por las dependencias internacionales y nacionales que este año 2021 tendrá igual o mayor impacto con relación al 2020 en la formación de tormentas tropicales que serán proclives a convertirse en poderosos huracanes que por supuesto, amenazan nuestro ya degradado medio ambiente.

El cambio climático es sin duda una de las consecuencias más devastadoras de la irresponsabilidad de la comunidad internacional. Este desplazamiento es una variación global del clima que se debe a causas naturales y en mayor medida a la acción del hombre, y se produce sobre todos los parámetros climáticos: temperatura, precipitaciones, nubosidad, etc., a diversas escalas de tiempo.

Según estudios, nuestro país está en la lista de las naciones con mayor vulnerabilidad de ser golpeado por dichos fenómenos. Desafortunadamente no existe ningún plan de acción que el Estado implemente para proteger los ecosistemas y disminuir el impacto; todo lo contrario, en Honduras ser defensor de los recursos naturales es ponerse en la mira de las fuerzas represivas y de las multinacionales que tienen intereses oscuros.

El país ni siquiera se ha levantado después de la terrible visita de Eta y Iota, aún existen zonas abandonadas y sin ningún tipo de proyecto de reconstrucción, sobre todo en el valle de Sula. Es muy triste observar que a medio año sigan completamente solos, abandonados por un Estado que canaliza los recursos hacia las alcantarillas de la corrupción.

Es así que el pronóstico se advierte cual nubarrón que anuncia una devastadora tormenta que el país no podrá soportar: en infraestructura, en damnificados, en pérdidas económicas y por supuesto pérdida de vidas. La pregunta es: ¿Qué hacemos hoy para disminuir ese impacto latente? ¿Tenemos un plan real que se está ejecutando?

Un sabio en alguna ocasión dijo: cuando brilla el sol es el tiempo de tapar las goteras. Cuanta verdad en ello, si algo debemos hacer es ahora ya que cuando se intensifiquen las tempestades será demasiado tarde para reaccionar.