El momento de la sostenibilidad

La pandemia nos está dando muchas lecciones, sin lugar a dudas; quizás una de las principales es que el desarrollo sostenible, entendido como el tipo de desarrollo que asegura las necesidades del presente, sin comprometer la posibilidad de las futuras generaciones de satisfacer las propias, es un tema vigente hoy más que nunca.

Hemos visto que no hay una verdadera dicotomía entre lo ambiental y lo económico; tampoco entre lo ambiental y lo social. Esto significa que la visión del desarrollo integral, en tres dimensiones que se entrelazan, es real y tangible, hoy más que nunca.

La pandemia ha acentuado las desigualdades y también ha desnudado viejas carencias, que provocan dolor y vergüenza a la humanidad. Ha puesto en jaque a las democracias más débiles, aquellas basadas únicamente en urnas y votos, para enfrentarnos con una gran verdad: el mundo necesita justicia y paz.

Sería ingenuo pensar que con el solo hecho de transitar por un momento global crítico, vamos a tener de forma inmediata una renovada sensibilidad hacia temas vitales para la humanidad, como el cambio climático y sus efectos en lo social, especialmente en seguridad alimentaria y en vulnerabilidad ante desastres naturales.

Sin embargo, es posible experimentar poco a poco un cambio de prioridades en la agenda internacional que tendrá sus efectos en cada país.

“Necesitamos un planeta verde, pero el mundo está en alerta roja” dijo el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) António Guterres, en el marco de la Cumbre de Líderes sobre el Clima, que se celebró la semana pasada en Estados Unidos.

Esta cumbre en sí misma es representativa del cambio de ruta de Estados Unidos, bajo la administración Biden, el principal promotor del encuentro, para hacer frente a la crisis climática.

Este es un momento crucial para la sostenibilidad, para posicionarse de una vez por todas como la manera de abordar el desarrollo, con la participación activa de todos los sectores: gobierno, empresa privada, sociedad civil organizada, entre otros, cada uno desde el rol complementario que le corresponde jugar.

La promoción del consumo consciente y la economía circular como contrapropuesta a la economía lineal se vislumbran como el camino válido que ya han emprendido algunas naciones.

La adaptación al cambio será cada vez más apreciada, la innovación y la creatividad también, para encontrar las vías que conduzcan hacia la prosperidad, justo en un momento de replanteamiento de nuestra forma de hacer las cosas, como estados, empresas, organizaciones e individuos.

Es el momento tan anhelado para la sostenibilidad, para quienes desde diversos ámbitos han perseverantes en este tema, esperando encontrar la madurez de la sociedad para comprender y abrazar los cambios que supone alcanzar el desarrollo sostenible.

Aún falta mucho camino por recorrer, esta vez quizás el viento sople a favor, pero no solamente por los cambios en la política internacional, sino porque hoy más que nunca, los jóvenes hacen sentir su presencia y su derecho a luchar por un mundo de oportunidades, sin dejar a nadie atrás, como lo establece la ONU en su Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Que así sea.