Futuro de aeropuertos

Es importante estructurar la concesión de una forma dinámica para que el concesionario tenga incentivos económicos adecuados para, además de cumplir las condiciones iniciales de inversión y servicio, tener beneficios importantes de expandir y hacer crecer la operación.

Con el esquema tradicional, cualquier inversión hecha más allá de lo requerido, especialmente al acercarse la finalización de la concesión, se vuelve poco atractiva para el operador. Además, cambios en la tecnología o necesidades nuevas tienen que poder ser incorporadas en el proceso.

Se debe distinguir entre el ingreso de operación producto del crecimiento vegetativo y el que es producto de un esfuerzo adicional, lo que se puede medir usando líneas bases. Al contrario de lo que se estableció en los contratos de carreteras, este no es un ingreso que el estado garantiza, sino bandas arriba de las cuales se premia la concesión con mayores ingresos.

Por ejemplo, el aeropuerto de San Pedro Sula tiene 1,000,000 de operaciones anuales y una base de crecimiento del 5% anual. Se puede premiar a la operadora por ingresos adicionales a esta línea base, únicamente por lo que exceda lo esperado.

El Estado debe guiar este proceso, dando lineamientos más claros y precisos previo al proceso de licitar la concesión. Se necesita iniciar el proceso con la mayor anticipación posible y buscar los recursos externos en concesiones aeroportuarias.

Esto debe ser acompañado de transparencia en cada uno de los pasos para no enfrentarnos a una “cosa juzgada” de un contrato que pase al Congreso Nacional para su aprobación sin ningún espacio de modificación. Creemos debe retrasarse hasta el próximo período de gobierno la adjudicación, para evitar errores y apresuramientos que resultan en daño para el país.