La vivencia de la Semana Santa  

La riqueza aportada por la tradición cristiana a lo largo de los siglos ha sido un significativo aporte cultural que permanece presente en todas las manifestaciones religiosas de nuestro pueblo.


El centro de la Semana Santa es la conmemoración de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús. Pero la manera de vivir estos días, como sabemos, es muy diversa. Para unos serán días de vivencia de fe, pero para muchos serán solo días de descanso en el que se podrán hacer otras actividades recreativas.


Somos conscientes que cada año la Semana Santa deja un saldo de ahogados, de muertes causadas por la violencia y otros incidentes que ojalá pudiéramos evitar. Pero el peligro más grande, en el contexto de esta pandemia, es que sigan aumentando los contagios si no se cumplen las medidas de bioseguridad.


Los días marcados como feriados en el calendario favorecen la participación de los cristianos en las celebraciones litúrgicas y tradicionales que permiten un espacio de encuentro y diálogo en la vivencia de la fe. Pero somos conscientes que la realidad ha cambiado mucho en los últimos años; la secularización, la indiferencia religiosa y el sectarismo han provocado una disminución en el fervor de las celebraciones de la Semana Santa.

A toda esta realidad hay que agregar la situación de la pandemia que ha condicionado muchas cosas y no se podrán realizar las tradicionales procesiones y otros actividades a las que suelen acudir muchas personas. Entendemos que todo se hace con la intención de protegernos todos, especialmente a los más vulnerables del contagio del covid-19. Es muy oportuno valorar la prevención del riesgo que Copeco y Sinager han establecido desde antes implementando las medidas de restricción que podría en alguna medida disminuir el riesgo: circulación, excursiones, conciertos, discotecas y cines.


Es evidente que después de más de dos mil años de la muerte y resurrección de nuestro Señor hemos relativizado su libre y cruento sacrificio por los pecados del mundo, ya que muchos son indiferentes al acontecimiento cristiano que se celebra. Es la realidad del hombre que ha perdido la imagen de Dios como referente que oriente su vida hacia un verdadero sentido.


La difícil realidad de la pandemia nos ofrece una gran oportunidad que podemos aprovechar a nuestro favor, para vivir estos días en comunión con el Dios que nos da la vida entregando a su propio Hijo por nuestra salvación. Las diferentes parroquias han duplicado las celebraciones para que podamos participar sin violar las medidas de bioseguridad. Intentemos vivir esta semana en recogimiento espiritual y prudencia aportando lo que a cada uno le es posible para el bien de todos.