Otra vez las campañas políticas

Como sucede cada vez que se avecinan las elecciones primarias y generales, ya han aparecido en nuestras calles los anuncios publicitarios promoviendo la imagen de algunos candidatos que aspiran a diversos cargos del gobierno del país, en sus diferentes ámbitos locales y a nivel de instituciones importantes. Sin duda este panorama plantea todo tipo de reacciones en las personas que responden según se ven afectados, o en muy pocos casos, beneficiados por la situación.

A juzgar por el comportamiento de las estructuras políticas, el panorama es tan incierto como pesimista. En el Consejo Nacional Electoral (CNE) se disputan intereses partidarios, pero no el interés común de un pueblo lacerado por la pobreza, la pandemia y sus efectos y la falta de condiciones mínimas para una vida digna. Los emergentes partidos políticos, que en estas elecciones son muchos, carecen de una propuesta y de un proyecto político que genere esperanza en un futuro mejor.

Resurgen, como siempre, el proselitismo deshumanizante y los gastos excesivos de las campañas políticas, en medio de la pandemia que tiene tan golpeada esta nación. Cómo sorprenden, los anuncios y los rostros que reflejan un cinismo cada vez mayor ignorando la cruda realidad de sufrimiento y dolor que impera en la sociedad hondureña. Basta solo una simple mirada y una valoración del costo que implica esta publicidad, para darnos cuenta de lo que realmente se busca.

La utopía y la superficialidad han superado a la verdad. Ante la falta de proyectos claros y viables, los que aspiran a cargos públicos se posicionan en la mente del elector como única propuesta. Ciertamente hay políticos, confiables y con muy buenas intenciones, pero quizá representan el vestigio de la pequeña parte sana de la podredumbre de corrupción y afán desmedido del poder, con intenciones personales y partidarias, que representa la política de nuestro país.

A la política llega de todo. La política es buena, pero no puede decirse lo mismo del político de oficio, la política es necesaria porque somos por naturaleza políticos (Como bien lo define el filósofo de Estagira, Aristóteles, El hombre es por naturaleza un “animal político”, un ser que tiene que vivir en la “polis”… en la política). Podemos atrevernos a soñar con un pueblo que despierte del sueño de las promesas vacías y del adormecimiento momentáneo, para ver más allá de sus costumbres y aficiones políticas, a las personas que puedan aportar cosas buenas al desarrollo del país.

Por lo tanto, es indispensable, en vísperas de las elecciones internas, una opción generalizada por una política humanizada, que recupere su naturaleza y su propósito, es decir, la construcción de una sociedad, donde impere el interés por la justicia y el bien común. También es necesaria una mirada evangélica que pueda iluminar el quehacer político, desde el amor y la compasión por los más desposeídos: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos” (Lc. 4, 18)