Decisivas elecciones

Los hondureños nos alistamos para comparecer a las elecciones primarias de los tres partidos con mayor arrastre popular en el país. Cada elección es una cita histórica para la ciudadanía, pero estas en particular son aún más importantes por todo lo que representan.

Somos el hazmerreír del mundo con gobernantes salpicados con señalamientos graves de la fiscalía norteamericana que ensucia el rostro de esta tierra que merece mejor destino; somos el payasito del patio central al ser los últimos que recibirán la vacuna contra el covid-19 mientras los países vecinos ya iniciaron ese cometido sanitario.

Como muy bien lo expresara un congresista, parece broma de mal gusto que llegó primero el robot enviado por la Nasa al planeta Marte que las latas móviles a nuestro país; ya no se sabe qué caso ocupa el peldaño más alto en corrupción: Trans 450, desfalco al IHSS, caso Pandora, las carpas móviles, y muy probablemente el próximo “vacunazo”.

No se cansan de robar, no se cansan de mentir, no se cansan de hipotecar el futuro de la patria con movidas oscuras debajo de la mesa.

Y lo más triste es que los corruptos tienen fieles y leales defensores entre los que se mueren de hambre y que solo están a expensas de sus migajas. Honduras no puede permitirse anegarse en el fango de la última década, debe resistirse y renunciar a la pobreza extrema que nos ha sentenciado a ocupar los últimos lugares de desarrollo humano.

Es tiempo que pregunte a la conciencia si el país está en la senda correcta o más bien está por deslizarse al abismo de las páginas retrogradas del atraso permanente.

En ese desolador panorama es menester que apuntemos y nos comprometamos con una nueva esperanza que con manos limpias dibuje una sonrisa que deje atrás el pálido gris de los nubarrones que acechan y nos trace los vivos y alegres colores que pintan el Estado de Derecho y la institucionalidad.