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El día domingo 20 de octubre de 1996 apareció publicado en la sección de Criterio Popular de este rotativo un artículo de opinión titulado “La salud en Honduras”, el primero de una serie de artículos de mi autoría que en el transcurrir del tiempo el periódico La Prensa tendría a bien publicar.

En dicho artículo, describía la situación del sistema hospitalario en aquella época. Carencias y penurias que los desposeídos padecían al llegar al hospital Mario C.

Rivas de esta ciudad, plasmados en un artículo lleno de sentimiento y pesar por el dolor de tanta gente que llegaba esperanzada en busca de salud y encontraba penurias y escasez.

Desde entonces fueron publicados esporádicamente al principio y con más frecuencia con el pasar de los años, hasta el momento actual que aparecen cada semana. En ellos hemos dado rienda suelta a la imaginación plasmándola en artículos de opinión en una diversidad de temas, tantos como se nos han ocurrido, pero siempre intentando enviar mensajes de esperanza, y aspirando a llegar a la conciencia del lector. He evitado los temas políticos porque son desgastantes pero en ocasiones he sucumbido a la tentación. Son escritos que han reflejado mi opinión y mi forma de ver la vida.

Pero lo que me genera impotencia y hace mella en mi positivismo es que en estos veinticinco años el país no ha mejorado y en cambio ha empeorado. Tendemos a culpar a los gobiernos de todo lo malo ( han pasado 8 administraciones desde 1996, 4 liberales y 4 nacionalistas ), pero como ciudadanos no hemos colaborado y hemos obviado nuestra responsabilidad de servicio al país.

Hemos empeorado como personas. Nuestra calidad humana se ha venido abajo. Egoístas, aprovechados, cómodos, con escasos valores morales, sin espiritualidad.
Vendemos nuestra integridad al mejor postor y esperamos que los demás si lo sean.

Compasión nula, envidia en exceso, superficialidad chocante. Si fuéramos mejores personas la historia sería distinta. Aquí culpamos a los demás de lo malo que ocurre.

En tantos años la situación no ha cambiado. El país no encuentra el rumbo, cada día se hunde más. Parece que no nos percatamos que somos parte del problema. Hemos permitido que la política cubra el país como un manto de niebla que no nos deja ver el sol. Hemos sido tontos útiles.

En esta entrega número 200 aún sigo escribiendo a la bondad del humano. Prefiero confiar en las personas. Rechazo la cultura del desánimo y del recelo.

Deberíamos intentar ser positivos. El negativismo y la sospecha no nos han dejado nada bueno. Talvez así.