Se busca

Se busca un líder que unifique la nación.

Uno que ofrezca conceptos claros y propuestas serias sobre sus planes de gobierno en economía, justicia social, aplicación de las leyes con rigor, independencia de poderes, salud pública y erradicación de corrupción. Que no se esconda detrás de un manto de distracción y demuestre que tiene la capacidad para actuar con entereza, integridad, honestidad, justicia y además que sea capaz de dejar el partidismo a la hora de tomar decisiones.

Uno que su retórica no sea exclusivamente para demeritar a sus contendientes. Que concilie y no confronte. Que tenga virtudes propias y no tenga que resaltar el error del oponente para lucir. Que no tenga conductas erráticas y no se crea el único inteligente del país. Que no esconda un pasado oscuro vergonzoso, o reñido con la ley.

Que sea carismático, confiado en sí mismo, congruente con lo que dice, coherente en sus actos, firme de convicciones sin llegar a la prepotencia ni a la soberbia.

Que sus asesores sean los mejores, que tengan una historia de personas impecables en su desempeño. Que sean luz, no lámparas.

El ejercicio político no se hereda a los hijos porque sí, como sucede aquí. Los hijos de políticos tienen que hacer méritos como todos los aspirantes. Aquí lo más común es que en cada elección aparezcan caras nuevas de candidatos sin ninguna historia de servicio a sus comunidades. Se les escoge porque son hijos de políticos, porque son relativamente famosos en la actividad que desarrollan, porque tiene cara bonita, o por llenar un cupo ya nadie quiere meterse a la política y ser tildado de corrupto.

Un líder que unifique a este pueblo que ya no cree en nada ni nadie. Engañado, desairado, decepcionado, ha perdido la fe en todas las autoridades y eso le crea un sentimiento de inseguridad y desconfianza que marca su desempeño haciéndolo receloso y conflictivo.

No existe una persona así en esta generación de políticos. Estos han crecido deformados por sus antecesores. Sirven a sí mismos primero y a su partido después. Y si en su partido ven afectados sus intereses, cambian de corriente o de bando. La ideología es maquillaje para ilusos.

Hay que empezar a trabajar en los jóvenes, hacerlos buenas personas para que cuando lleguen a puestos de poder impongan su forma de ser a la ejecutoria política. Buenas personas, buenos políticos.

La nación necesita tener la esperanza que habrá un futuro mejor. Necesitamos un líder que nos lleve a ese punto. A creer nuevamente.Ese es el punto de partida.