Ilusión de recursos

Es una presunción intuitiva que los resultados de crecimiento y prosperidad en un estado se logran en función del grado de bondad de la geografía y los recursos naturales. El concepto se ha manifestado de diferentes formas en el discurso de los problemas nacionales a lo largo de su historia. Visitando las ruinas de la mina el Rosario de San Juancito (abandonada en 1954) podemos visualizar que este proceso es más complejo. Los recursos y las oportunidades pueden presentarse, pero no son recetas mágicas de progreso.

Si vemos las causas de los progresos de los pueblos podremos ver que estas ventajas aparentes muchas veces no tienen correlación con los mismos sino, más bien, pueden ser una desventaja. Más bien, los factores que logran el progreso son la educación, la industria, el respeto a la ley y la disciplina de sus habitantes. Un enclave minero o bananero, como hemos tenido, no pueden servir de motor al desarrollo sin esos acompañamientos.

Sobre la riqueza que se deriva de las actividades extractivas, esta por sí misma no desarrolla una sociedad. Tiene dos amenazas importantes cuando es una parte muy importante de una economía. En primer lugar, puede desincentivar la actividad productiva al generar inflación y volver más económico el importar los productos de otros países. Si estudiamos la historia económica española, vemos que de una pujanza en el siglo XV esta fue tendiendo a reducirse y a desaparecer y se creó una dependencia a las importaciones provenientes de Holanda y Gran Bretaña.

Los minerales preciosos que España extraía de América financiaban a los mismos competidores coloniales que vinieron a arrebatarle el imperio. Se utilizaron en consumo y gastos militares estériles los recursos, en vez de educación e infraestructura.