¿Se perderá la generación 2020?

Es triste, pero todo cumpleaños trae alegría. El cumpleaños de la patria, de nuestra patria, nos trae dolor y tristeza, una tristeza tan grande que abarca todo el territorio. Esta generación crecerá marcada por una pandemia, dos huracanes, un sistema político que ha perdido la vergüenza, las caravanas y un tejido social tan débil que parece se romperá en cualquier momento por la parte más delgada.


Calles llenas de lodo, casas destruidas y la desintegración, experimenta la familia como institución en Honduras. No es que este sea un panorama nuevo para la población, pero pocas veces estaba acompañado de un desempleo como jamás se había visto, de una pandemia como nunca habíamos tenido y batiendo el récord de dos huracanes en el mismo año.

Los esfuerzos que Honduras deberá hacer para lograr apuntalar esta generación ya no son grandes, son colosales. Es que toda crisis se parece a la definición de quién es un banquero, qué nos dice el adagio, que un banquero es alguien que te presta un paraguas cuando está haciendo sol y te lo pide cuando está lloviendo; Honduras ha postergado en su agenda social y política demasiados problemas que hoy se vienen a juntar a una legión demoníaca que parece producirá una generación perdida.


Dándole seguimiento a la vida de muchos estudiantes que terminaron su secundaria, un maestro que los conocía, 8 años después de su graduación, hoy solo puede llorar por ellos. Todos se han ido mojados. Hubo quien lo intentó, quiso poner un negocio, se armó de valor y buscó un trabajo, pero al final, lo único que quedaba en el horizonte era el norte, ese norte que siempre promete, pero que hoy cumple más con muertes y dolor que con prosperidad.

Ellos abandonaron sus raíces, sus amigos, su vecindario y hoy se arraigan en EE UU y España. Han abandonado un país que los abandonó desde que nacieron, les duele dejarlo, pero es más doloroso seguir aquí sin empleo y sin futuro. Todos han padecido lo mismo, desempleo, delincuencia y desesperanza, porque no pudieron llegar a ningún lado, porque a pesar del esfuerzo, del título, nada de eso evitó que fueron lanzados a la pobreza.


La educación sigue engañando a nuestros niños y jóvenes, pues si usted le hace una entrevista medianamente profesional a un recién egresado, se llevará una gran decepción, pero a pesar de eso, está certificado, tiene un título y que no sabemos como lo consiguió, pero tempranamente en la vida cada joven se da cuenta que un título no garantiza nada, ni empleo, ni buenos ingresos, si no las capacidades que se tengan.

Si no se reacciona a tiempo, si no existe la planificación del futuro de Honduras, esta generación quedará perdida en el peor de los limbos. Hoy más que en cualquier otro momento de la historia, Honduras necesita un hombre o una mujer que los dirija, como una gallina que acoge a sus polluelos bajos sus alas, Honduras necesita líderes que tengan visión de futuro, de lo contrario, estamos condenados a tener que contar siempre la misma historia.