Vulnerabilidades

El año 2020 fue muestra clara de la enorme vulnerabilidad de nuestro país, en diversos aspectos. La falta de previsión en áreas vitales como salud y educación, así como en la prevención de desastres naturales, quedaron en evidencia más que nunca.


Si algo nos dio el año pasado fue experiencia para darnos cuenta de que la improvisación no es un camino adecuado cuando se trata del presente y futuro de una nación. Ojalá que hayamos sido buenos alumnos para valorar y aprender.


Somos tremendamente vulnerables, porque insistimos en no prever, en actuar pensando en la popularidad y no en la credibilidad, porque seguimos sin valorar la recuperación de la confianza como la base de los grandes acuerdos necesarios para la construcción del país que anhelamos.


El año 2021 nos presenta gran un asunto adicional: los procesos electorales de marzo y noviembre, que desde ya se visualizan complejos.


El desarrollo de las elecciones se llevará a cabo en un año marcado por serios cuestionamientos a la democracia, como “forma de sociedad que reconoce y respeta como valores esenciales la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley” que es una de las definiciones que nos proporciona el diccionario de la Real Academia Española.


Basta con dar un vistazo a los hechos acontecidos hace pocos días en la capital de los Estados Unidos para comprender que esta situación no es exclusiva de nuestra sociedad, ni siquiera de la región latinoamericana.


El descontento social, la polarización ideológica, las grandes desigualdades, la exacerbación de los nacionalismos a ultranza y la profundización del odio pasan la factura en todas partes, con las diferencias de contexto.


Quizá muchos no han valorado en toda su magnitud los hechos en Estados Unidos, centrándose más en las expresiones peyorativas como la de “república bananera”, que todavía hiere nuestra frágil autoestima nacional.


Pero más allá de eso, de las emociones a flor de piel, lo que debe inquietarnos es que se ha demostrado que ningún país está exento de sufrir convulsiones sociales, ni siquiera la gran nación del norte, que se destaca por ser un Estado de derecho.


Ante semejante escenario, ¿qué podemos esperar en Honduras? En pocos meses lo sabremos.


Lo sucedido en Estados Unidos es grave no solamente para aquel país, sino para el hemisferio completo. No podemos soslayar el enorme papel que juega, como hegemonía, en el concierto de naciones.


El futuro cercano estará influenciado directamente por el rumbo que tome Estados Unidos; pero también de nuestra capacidad de poner las barbas en remojo y anticiparnos a los cambios que esto pueda significar, no solamente en el corto plazo, sino con una visión más amplia.


Por ahora, en Honduras nos corresponde anticiparnos y buscar el fortalecimiento de nuestra débil democracia electorera, para pasar a una más madura, que se traduzca en bienestar para todos.


Improvisar no es válido en ningún aspecto, ni en salud, ni en educación, ni en ningún aspecto de la vida nacional. Esperamos que nuestras autoridades actúen con madurez y prudencia.