Puede usted decir gracias…

Rodolfo soñó que estaba en el cielo. Seguramente eran aquellas las oficinas administrativas, porque vio un largo pasillo con puertas a cada lado. Abrió la primera y observó ángeles en un movimiento frenético, abriendo sobres y clasificando correspondencia. Se le explicó que ahí llegaban las peticiones hechas a Dios por los humanos. En la siguiente oficina el ajetreo era aún mayor.

Los ángeles ahí estaban extremadamente ocupados. Se dio cuenta que era la oficina de empaque y despacho. Se contestaban las solicitudes y se mandaba bendiciones y ayuda a los habitantes alrededor del mundo, aunque no la hubieran solicitado. Quedó impresionado por la eficacia con que trabajaban. Pero lo que más le llamó la atención de aquel maravilloso lugar, fue la última oficina. Había en ella un solo ángel, con tan poco trabajo que se le notaba aburrido por no tener casi nada que hacer. Rodolfo preguntó, y se le aclaró que era ahí donde llegaban las confirmaciones de recibo de las bendiciones. Se sorprendió: ¿Cómo pueden las personas informar que las recibieron? Muy sencillo, le explicó el ángel aburrido, solamente tiene que decir “Gracias, Señor”. ¿No cree usted, amigo lector, que hay una lección para todos en este “sueño”? ¿Estamos acaso tan rodeados de razones para agradecer que nos hemos vuelto insensibles? ¿Habremos perdido el sentido del agradecimiento?

¿Pensamos, en medio de esta pandemia, que no hay nada extraordinario en las bendiciones que recibimos diariamente? ¿Quiere algunos ejemplos? Si puede usted leer estas letras, puede hacer algo que no pueden hacer millones de personas analfabetas en el mundo. Si goza usted de una salud aceptable que le permite vivir, está muy por encima de miles que ya murieron.

Si nunca ha experimentado el miedo en una batalla, esto le hace diferente a todos los soldados que obligados pelean hoy en las diez y siete guerras que “funcionan” actualmente en el mundo. Si no puede ni imaginar la agonía de los que padecen hambre, ni la pesadilla de estar enfermo y abandonado en un hospital, entonces usted tiene mucho que agradecer a Dios.

LO NEGATIVO: No dar valor a las bendiciones de que disfrutamos.

LO POSITIVO: Percatarnos de que somos privilegiados, y aprender a dar gracias por ello.