Perspectiva 2021

La entrada de un nuevo año no cambia nada en sí mismo, es decir, nada mágico o supersticioso hace que las crisis desaparezcan proveyendo un nuevo escenario libre de tensiones mundiales, amenazas por el cambio climático, masificación de las nuevas variantes de la cepa del coronavirus, por mencionar solo algunos desafíos latentes.


A nivel doméstico, el nuevo año se inaugura con el anuncio de la maligna Empresa de Energía del aumento a la tarifa del servicio eléctrico, lo cual terminará de electrocutar el ya quemado bolsillo del ciudadano. No hay misericordia alguna en las políticas públicas del Estado fallido.


Igualmente, el avance de la pandemia se descontroló desde el levantamiento de restricciones en noviembre del año anterior, es así que el covid-19 ha encontrado el escenario para la tormenta perfecta: la ecuación del Estado corrupto que aún debe los hospitales móviles y una ciudadanía “kamikaze” que ya muy poco sentido de conciencia muestra por cuidarse a sí misma.


En ese contexto sombrío tampoco se prevé que las vacunas que otros países latinoamericanos como México, Chile y Costa Rica ya usan para inmunizar a su población lleguen pronto a tierras catrachas; es lamentable el pésimo manejo de esta emergencia sanitaria por quienes gobiernan.


Y con ese telón de fondo se espera que los hondureños vayan a elecciones primarias y generales en el mes de marzo y noviembre, respectivamente; se aguarda que la oposición encuentre su punto de encuentro alrededor de una nueva esperanza para evitar otro megafraude electoral (o, peor aún, continuismo) que ya se quiere cocinar por el oficialismo.
La fórmula sigue siendo la misma: distanciamiento social, uso de mascarilla, lavado constante de manos y sobre todo conciencia ciudadana para elegir de manera correcta a fin de regresar al Estado de derecho que tanto requerimos como país.