Cuestión de perspectiva

Un relato popular cuenta la historia de un famoso escritor que cierto día, estando en su sala de estudio, tomó la pluma y comenzó a escribir: “El año pasado tuve una cirugía y me quitaron la vesícula biliar. Tuve que quedarme en cama por un largo tiempo. Ese mismo año llegué a la edad de 60, tuve que jubilarme de mi trabajo favorito.

El mismo año experimenté el dolor por la muerte de mi padre y para colmo, mi hijo fracasó en su examen médico porque tuvo un accidente de automóvil y estuvo hospitalizado durante varios días. La destrucción del coche fue otra pérdida”. Al final escribió: “¡Fue un año tan malo!”


Cuando la esposa del escritor entró en la habitación, lo encontró triste en sus pensamientos. Desde atrás leyó lo que estaba escrito en el papel. Salió de la habitación en silencio y volvió con otro papel. Lo colocó al lado del de su marido. Cuando el escritor lo vio se encontró con esto escrito en él: “El año pasado finalmente me deshice de mi vesícula biliar, después de pasar años con el dolor. Cumplí 60 años con buena salud y me retiré de mi trabajo. Ahora puedo utilizar mi tiempo para escribir con mayor paz y tranquilidad. El mismo año mi padre, a la edad de 95, sin depender de nadie y sin ninguna condición crítica, murió serenamente. El mismo año, Dios bendijo a mi hijo con una nueva oportunidad de vida. Mi coche fue destruido, pero mi hijo está bien y sin ninguna discapacidad”. Al final, ella escribió: “¡Este año fue una inmensa bendición de Dios!”


Se fija, querido lector, eran los mismos hechos, pero con diferentes puntos de vista. Muchos podrán decir que 2020 ha sido un año trágico, y esto es cierto en muchos sentidos. Pero, ¿será que todo ha sido malo? Se ha puesto a pensar, ¿qué cosas ha ganado este año, qué cosas no ha perdido o cómo ha disfrutado del amor y el cariño de otros? Todo, como el relato, es cuestión de perspectiva. ¿Cuál es la suya?