Primeros pasos de Biden en Venezuela

Cuando entrevisté al opositor Leopoldo López parecía bastante optimista de que el presidente electo Joe Biden no solo mantendrá la presión de Estados Unidos sobre Venezuela, sino que la ampliará.

López, quien está en Madrid después de escaparse de su refugio en la Embajada de España en Caracas, enfatizó que Biden ha dicho que buscará vías más multilaterales para presionar al dictador Nicolás Maduro a que permita elecciones libres.

Eso podría significar, entre otras cosas, una mayor coordinación entre Washington, la Unión Europea y América Latina para imponer sanciones conjuntas al régimen de Maduro, me dijo López. A diferencia de EUA, los países europeos y latinoamericanos han impuesto pocas sanciones individuales, y mucho más débiles, a funcionarios del régimen de Maduro. “Venezuela es uno de los pocos temas en los que hay un consenso bipartidista en Estados Unidos”, me dijo López. “Obviamente, cada administración plantea sus matices, pero no veo un escenario en que la administración Biden reconozca a Maduro, o que tenga una posición de aliviar la presión sobre la dictadura”. Biden se ha referido a Maduro como un “dictador”, y los demócratas en el Congreso han apoyado la decisión de Trump de reconocer al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, un protegido político de López, como presidente interino del país. Además, se espera que los demócratas y republicanos en el Congreso no reconocerán las fraudulentas elecciones legislativas del 6 de diciembre que está organizando Maduro.

López me dijo que hay una medida concreta que el Gobierno de Biden podría tomar en sus primeros días: anunciar acciones conjuntas con la Unión Europea y América Latina para denegar visas de entrada y congelar los fondos de 46 funcionarios venezolanos nombrados por una reciente misión de investigación de las Naciones Unidas sobre violaciones a los derechos humanos en Venezuela. “Esta es una oportunidad para poder tener una acción contundente y clara en un tema en al que nadie puede dar la espalda”, me dijo López. “Enviaría un mensaje muy claro a la dictadura de Maduro y ayudaría a desincentivar que continúen estas violaciones a los derechos humanos en Venezuela”.

Además, Biden debería fomentar una coordinación de esfuerzos entre la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea para lograr elecciones libres en Venezuela, dijo López.

Hasta ahora, las presiones internacionales sobre Venezuela han sido ejecutadas por separado por el Gobierno de EUA, el llamado “Grupo de Lima” de América Latina y el “Grupo de Contacto” liderado por Europa.

“En lugar de buscar grupos y subgrupos, lo lógico es que busquemos que formalmente la Unión Europea y la OEA puedan tener una política conjunta” para exigir un retorno a la democracia, aseguró López. Europa es un actor clave en la crisis política de Venezuela, entre otras cosas porque muchos altos funcionarios del régimen de Maduro tienen a sus hijos y casas de lujo en España y otros países europeos. No hace falta ser un experto en asuntos europeos para saber por qué los europeos no están coordinando sanciones conjuntas con EUA: las políticas aislacionistas y los frecuentes insultos de Trump contra los líderes europeos han envenenado las relaciones entre EUA y Europa durante los últimos cuatro años.

Otros líderes de la oposición me dicen que Biden debería nombrar un enviado especial con rango casi ministerial para lidiar con Venezuela, así como el Gobierno de Clinton tenía un enviado especial para las Américas. Esa sería otra buena idea. El hecho concreto es que, con el 96% de los venezolanos viviendo en la pobreza, según una reciente encuesta de Encovi en Venezuela, 5.4 millones de exiliados y más de siete mil asesinatos políticos documentados por las Naciones Unidas, Venezuela es una de las mayores crisis humanitarias del mundo. Biden debería tener un plan listo sobre Venezuela para su primer día en el Gobierno. Las propuestas que escuché de López y otros opositores venezolanos serían un buen punto de partida.