Sueños y pesadillas

Kankusoi le dijo esta vez a Paustat: “Yo también aprendí esto en uno de mis viajes… a través de los libros.

Un autor escribía más o menos así acerca de los sueños: ‘Yo he tenido sueños y pesadillas. Yo superé las pesadillas con mis sueños’. Luego le agregaba: ‘¡Atrevámonos a desempolvar nuestros sueños! Una vez que lo hagamos, el universo conspirará con nosotros para hacer magia en nuestra vida’”.

¿Cuáles son sus sueños, querido lector? Si la respuesta tiene que ver con cosas materiales, tal como lo dicta el pensamiento secular, la propaganda, e incluso el diálogo dentro de muchas iglesias, esto es lo que enseñó Jesús al respecto: “No traten de amontonar riquezas aquí en la tierra. Eso se echa a perder o es destruido por la polilla. Además, los ladrones pueden entrar y robarlo. ¡Tengan cuidado! —advirtió, seguramente por la cognición de que todo eso puede terminar siendo una pesadilla— ¡No vivan siempre con los deseos de tener más y más! No por ser dueños de muchas cosas se vive una vida larga y feliz” (Mateo 6:19; Lucas 12:15).

¿Por qué, entonces, no atreverse a tener otro tipo de sueños, querido lector? Jesús los desveló con estas palabras: “Es mejor amontonar riquezas en el cielo. Allí nada se echa a perder ni la polilla lo destruye. Tampoco los ladrones pueden entrar y robar. Recuerden que la verdadera riqueza consiste en obedecerme de todo corazón” (Mateo 6:20-21 TLA). Poner, pues, nuestro corazón en Dios, es lo que hará que nuestros sueños sean auténticos sueños hechos realidad y lo que traerá un verdadero éxito y gusto a nuestra rutina. “Puedo terminar este libro diciendo que ya todo está dicho” —escribe el Predicador—. “Todo lo que debemos hacer es alabar a Dios y obedecerlo.

Un día Dios nos llamará a cuentas por todo lo que hayamos hecho, tanto lo bueno como lo malo, aunque creamos que nadie nos vio hacerlo” (Eclesiastés 12:13-14 TLA).