Integración CA obligada

El sueño de Morazán se hizo realidad en Honduras ha dicho el presidente de El Salvador, aludiendo al noble gesto del pueblo salvadoreño de enviar ayuda a los más necesitados en este momento de crisis sanitaria y por las inundaciones. Un sueño que tal vez por mucho tiempo ha sido y seguirá siendo solo un sueño, pues este gesto tan generoso evidencia ante todo la hermandad que existe entre Honduras y El Salvador, la que no se ha visto enturbiada y no decae por los caprichos y la falta de cordialidad entre sus máximos dirigentes.

Pero lo cierto es que lo que no ha podido hacer la lucha por la pobreza, la lucha contra la corrupción o el fortalecimiento de la democracia, sí lo puede hacer el hambre y la necesidad. Pues la crisis humanitaria que ha provocado en Centroamérica el covid-19 y ahora agravada por los fenómenos climáticos parece ser el ingrediente que ha faltado para que nuestros líderes políticos centroamericanos miren hacia la integración, que por más adornos de nombres que se le pongan como el SICA no logra mover las voluntades políticas.

La minicumbre que se celebró recientemente entre los presidentes de Honduras, Nicaragua y Guatemala, en la que no participó El Salvador lamentablemente, podría ser el inicio de un movimiento integracionista de Centroamérica de cara a los grandes retos que hoy enfrentamos como región en salud y cambio climático. Centroamérica está fraccionada a nivel político y entre las semejanzas y contradicciones de sus gobiernos, son más las contradicciones, pero la necesidad puede ser el motor que impulse una nueva era de integración centroamericana como lo muestra la minicumbre. Es que nuestra integración centroamericana solo se ha visto siempre a nivel político, quedando aislados en una quimera histórica y filosófica, mientras las demás regiones del mundo ven la integración en términos económicos, apartando sus diferencias políticas y viendo las perspectivas económica y de desarrollo de sus naciones como los motivos verdaderos para lograr una integración.

Tenemos a nivel de integración centroamericana unos mecanismos que no han logrado mucho para unificar los centroamericanos como por ejemplo el Parlacen, que no tiene otra funcionalidad en materia integracionista más que acoger a muchos forajidos que huyen de la persecución en sus propios países.

La dura realidad que hoy golpea a Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras debe servir de impulso para que nuestros líderes políticos se den cuenta que si la región sigue padeciendo hambre y miseria, difícilmente se puede hablar de fortalecimiento del estado de derecho, derechos humanos y la gobernabilidad, mientras continúe la afrenta a la dignidad humana que hacen en nuestras sociedades el hambre y la miseria. La minicumbre centroamericana debe ser un ensayo exploratorio de lo que puede ser el legado integracionista que nuestros actuales líderes dejen para sus propios países en estos momentos de crisis.