Iota

La semana anterior escribí que el trinomio enemigo: corrupción estatal, covid-19 y la tormenta tropical Eta significaban un durísimo golpe en nuestra paupérrima economía, ahora lamentablemente se le suma un nuevo fenómeno: la poderosa tormenta Iota.

El panorama es realmente desolador, si ya teníamos una emergencia política con la megacorrupción gubernamental comprando carpas de circo como hospitales, con la pandemia del covid-19 con niveles de positividad y mortalidad tristísimos; ahora se le suman miles y miles de compatriotas que han quedado sin techo, sin cobija y sin pan ante el arrollador paso de las tormentas.

El nuevo Gobierno que entra en enero de 2022 debe regresar al Estado de Derecho, devolver la decencia limpiando la cara y manos sucias de la institucionalidad, y entre otras cosas, tener prioridad en asumir políticas públicas que realmente protejan el medio ambiente de manera seria y consistente.

Diario LA PRENSA ha publicado que de acuerdo con el Índice de Riesgo Climático de la Organización Germanwatch, Honduras pasará en el año 2020 a ser el país más vulnerable ante el cambio climático. Ello se debe a múltiples factores que han conspirado hasta llevarnos a tan abyecto podio.

Concesiones a granel y permisos dolosos de explotación de los bosques, asentamientos humanos en las riberas de los ríos, contaminación, tala de madera, minas a cielo abierto, todo ello genera crisis ambientales que después pagamos en altísimas facturas de dolor y pérdidas.

Es triste admitirlo, pero el calentamiento global y el cambio climático harán que fenómenos como Eta e Iota sean cada vez más frecuentes y más fuertes en nuestros países, y mientras tanta tragedia se materializa observamos que posterior a Iota y de los creadores de los hospitales móviles se vendrá muy pronto la nueva temporada de los puentes desmontables.