Sin virus y sin trump

Donald Trump ha mentido tantas veces -más de 20,000 desde que llegó a la presidencia, según el conteo del Washington Post- que cuando más necesitaba que la gente le creyera, pocos lo hicieron.

“Francamente, ganamos esta elección”, dijo el presidente de Estados Unidos desde la Casa Blanca a las dos y media de la madrugada del 4 de noviembre. Pero no pasó nada. Nada.
​Ninguna de las cadenas de televisión le hizo caso al Presidente. Nadie lo declaró oficialmente ganador de la elección. Y luego dijo: “Queremos que se detenga toda la votación”. Sin embargo, en ese mismo instante había varios estados contando votos y nadie acató sus órdenes. Los estados siguieron tabulando sus resultados como si lo dicho por el Presidente no importara.

Trump, ahí, era la viva imagen del hombre que había perdido su autoridad y su credibilidad, hablándole a una nación dividida que no creía en sus palabras. Muchos políticos republicanos que lo apoyaban, ahora no han salido en su defensa. Incluso quienes votaron por él podrían tener razones para sospechar de la versión presidencial. La realidad era muy distinta a lo que decía Trump. No tenía los 270 votos electorales necesarios para conseguir la reelección. No había todavía ningún ganador.

Los problemas de Trump comenzaron unas horas antes. A las once y veinte de la noche del martes 3 de noviembre, la cadena de televisión Fox News -la favorita de Trump- declaró que el presidente había perdido el estado de Arizona. Esto era un golpe durísimo. En 2016, Trump había ganado Arizona y esta vez parecía escapársele de las manos. Sin Arizona sería muy difícil para Trump permanecer en la Casa Blanca.

​Uno de los asesores de Trump intentó que Fox News retractara su decisión, pero no tuvo éxito, según reportó The New York Times. Los latinos de Arizona se estaban vengando de Trump y de sus políticas antiinmigrantes. Muchos recordaban la época de terror impuesta por el sheriff del condado de Maricopa, Joe Arpaio -un aliado de Trump- en la comunidad hispana. Sus oficiales, apoyados en la controversial ley SB1070, actuaban como agentes migratorios. Una nueva generación de activistas latinos se organizó para que esos días de terror no se repitieran en Arizona y promovieron intensamente el voto anti-Trump. Los resultados se vieron el día de la elección.

¿Y cómo reaccionó Trump a las malas noticias? Con un tuit, por supuesto. “Estamos ganando en GRANDE, pero ellos están tratando de ROBAR la elección”, escribió en Twitter a las doce y cuarenta de la madrugada del miércoles 4 de noviembre. Pero no había ninguna evidencia de fraude. Poco después Twitter escondió el tuit presidencial, en una decisión sin precedente, y advirtió que su contenido “puede ser engañoso sobre la elección”. Facebook no bloqueó el mensaje presidencial, pero sí le puso una aclaración que contradecía lo escrito por Trump: “No se ha proyectado a ningún ganador de la elección presidencial”.

Ya nadie se estaba tragando las mentiras presidenciales. Algo estaba cambiando. Esto ocurre en todas partes del mundo cuando alguien con mucho poder se empieza a desinflar.

El terrible manejo de la pandemia -que ya ha cobrado más de 240,000 vidas y contagiado a casi 10 millones de personas en Estados Unidos- fue la mayor vulnerabilidad de Trump en esta elección. El Presidente actuó mal y tarde, se guardó información en momentos claves -para no causar “pánico” según le dijo al periodista Bob Woodward-, contribuyó al contagio al organizar eventos masivos (en la Casa Blanca y en actos de campaña) y dio un pésimo ejemplo al no usar cubrebocas en público en todo momento.

La pandemia, también, cambió dramáticamente la manera en que votaron los estadounidenses. Casi 102 millones lo hicieron por adelantado y por correo. Esto claramente perjudicó a Trump.

​Aún así, a Trump le fue mejor en la elección que en los pronósticos de las encuestas. Al igual que en 2016, los encuestadores no encontraron a tiempo a esos trumpistas de closet y se volvieron a equivocar. El promedio de encuestas le daba a Biden una ventaja de 8.4% un día antes de las elecciones. Pero la ventaja de Biden sobre Trump es menos del 3% en el voto popular. ​Independientemente de quien tome posesión el 20 de enero del 2021, Joe Biden ya es el candidato presidencial con más votos en la historia de Estados Unidos (obtuvo más de 73 millones). Al final de cuentas, la mayoría de los votantes estadounidenses envió un mensaje inequívoco de lo que quiere: un futuro sin virus y sin Trump.