Sueñas o desfalleces

Quizá uno de los problemas más complicados que afronta la humanidad en estos tiempos no tenga que ver con la pandemia, con la crisis financiera mundial o un conflicto bélico nuclear. Es algo más simple, pero más difícil de solucionar.


Es la falta de esperanza de las personas en el futuro. Tal vez tengan razón. Estos tiempos que vivimos son caóticos. Malas noticias y premoniciones lúgubres están a la orden del día. La ansiedad y el temor crean angustia y ensombrecen el corazón. Todo se polariza, la violencia es parte del diario vivir y se manifiesta en cualquier ambiente. Los Gobiernos no dan ningún atisbo de confianza, las Iglesias han perdido el derecho de orientar, las sociedades sucumbieron a los nuevos derechos humanos que permiten todo. No hay bondad por ningún lado. El materialisno reinante no combina con la compasión. Las personas están abrumadas, sus mentes colapsadas de incertidumbre, recelando de todo.


Lo difícil es que de esto solo podremos salir por esfuerzo propio. Nadie puede ayudarnos a modificar nuestra mente. Y eso solo se va a lograr cuando todos creamos que sí habrá un futuro mejor. Una buena manera es dejar de vivir en el presente agobiante y vivir en sus corazones por adelantado la vida futura que desea para sí mismo. Tiene que anticipar el gozo para sentirlo en su presente y así levantar su ánimo. Tiene que crearse esperanza. Porque sin ella seguirá letárgico, escaso de motivación y desfalleciendo de melancolía todos los días.
Vivir en el futuro deseado, sentir vívidamente el placer de estar allí, imaginarse la satisfacción de haberlo logrado. De vivir en paz, en un mundo adonde todo encaja y todas las personas son alegres y positivas, de poder dormir bien, libre de drama.


Cuanto más frecuente lo hagamos, nuestra realidad irá cambiando en la dirección que deseamos. Algunos dirán que eso es vivir fuera de la realidad y tendrán parte de razón. Pero los hechos presentes fueron un sueño, un deseo, en el pasado.


Es mejor soñar que deprimirse. Lo que se necesita es tener la certeza que la vida soñada vendrá a pesar de que no tengamos la mínima idea de cómo sucederá. Lo importante aquí es no desfallecer en nuestros corazones.


El Universo no te dará una serpiente si le pides una manzana. Asegurémonos, eso sí, que nuestras peticiones estén en consonancia con una vida honorable.


“Donde está la determinación, el camino se puede encontrar”. George S, Clason. El Hombre más rico de Babilonia.