El general y los muertos

Alfonso Durazo tampoco pudo. El encargado de reducir la violencia reconoció en su última conferencia de prensa como secretario de Seguridad Pública que “no podíamos fingir que iba

Alfonso Durazo tampoco pudo. El encargado de reducir la violencia reconoció en su última conferencia de prensa como secretario de Seguridad Pública que “no podíamos fingir que iba a ser fácil resolver el problema”. Y al final ni fingió ni lo resolvió, se va de candidato a la gubernatura de Sonora. Pero quien lo reemplace tampoco podrá resolver el problema si no hay un plan realista y efectivo.

​El 2020 puede convertirse en el año más violento en la historia moderna de México, incluso con más mexicanos asesinados que los 34,669 de 2019. Hay que ser sinceros: lo que ha hecho AMLO hasta el momento no ha funcionado. Sus cifras anuales de muertos superan a las de los Gobiernos de Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón, Ernesto Zedillo y Carlos Salinas de Gortari, según cifras oficiales y un estudio de la Universidad Rice.

​Militarizar a la recién creada Guardia Nacional no ha dado los resultados esperados. La violencia los ha desbordado. Tampoco es una buena idea otorgar al Ejército el control de puertos, aduanas y del nuevo aeropuerto. En una democracia ese es el trabajo de civiles; el lugar de los soldados no es en las calles, sino en los cuarteles. Y tras el arresto del general Salvador Cienfuegos, exsecretario de Defensa durante la presidencia de Peña Nieto (2012 a 2018) surgen nuevas dudas sobre la fallida estrategia nacional contra la violencia.

​Cienfuegos -arrestado en Los Angeles no en México- está acusado de facilitarle el trabajo a un cartel para el tráfico de drogas a cambio de sobornos. Un juez le negó la fianza ante el peligro de que se fugue. Es la primera vez que un secretario de Defensa de México es arrestado por narcotráfico y, de confirmarse los cargos, hablaría de gravísimos problemas dentro del Ejército mexicano.

​Si esto es cierto, Cienfuegos no pudo actuar solo y habría que investigar si posibles cómplices siguen dentro de la institución castrense. Un problema similar ocurrió tras el arresto de Genaro García Luna en Texas, acusado por un juez de recibir millones de dólares en sobornos del cartel de Sinaloa.

​La gran tragedia mexicana es que dos de los principales funcionarios encargados de luchar contra la violencia durante 12 años podrían haber estado del lado equivocado. Y si Cienfuegos y García Luna resultan culpables, ¿cuántos más no habrá actualmente en puestos de autoridad?

​Esta es nuestra triste realidad. Ante lo cual hay solo dos posibilidades: te quejas y culpas a Cienfuegos y a García Luna por todos los males de México o haces algo al respecto. Desafortunadamente, AMLO ha decidido usarlos como una excusa para justificar su falta de resultados en la lucha contra la violencia.

​Vamos a hacer memoria. Esto es lo que dijo López Obrador el 22 de agosto de 2019: “No quiero seguir responsabilizando a la administración pasada y a los de antes de esa administración. Ya es nuestra responsabilidad… Hay graves, grandes problemas nacionales y los tenemos que enfrentar. Pero en sus conferencias de prensa matutinas -las mañaneras- sigue culpando, precisamente, a Gobiernos anteriores por sus errores y por su falta de efectividad.

​Las encuestas indican que López Obrador sigue siendo un presidente muy popular. Pero me llama mucho la atención cómo en redes sociales los seguidores de López Obrador no le exigen resultados, como si las 63,792 muertes por la violencia y las casi 90,000 por la pandemia no importaran.

​Al final, si algo he aprendido de cubrir a todo tipo de presidentes durante más de tres décadas es que los muertos no se pueden ocultar. Los muertos no se van, nos persiguen y siempre acaban por debilitar y asustar a los líderes que pretenden esconderlos.

​En enero de este año fui a una mañanera de López Obrador en Ciudad de México y, después de revisar las terribles cifras de asesinatos durante su Gobierno, le pregunté: “¿Cuándo va a haber resultados?” y su respuesta fue: “Este año”. ​Ya veremos.

La Prensa